sábado, 31 de diciembre de 2011
Cuento de nochevieja: El pisito.
lunes, 12 de diciembre de 2011
In Time
domingo, 11 de diciembre de 2011
Las lecturas de 2011

Tras la felicitación de Navidad del cuento del artículo anterior, ahora llega el momento de evaluar los libros que más impactado a lo largo de este año. Curiosamente este no ha sido un año en que me haya impactado lo actual, han sido cosas más antiguas las que me han llamado la atención.
El que más me ha gustado durante estos últimos once eses y pico, ha sido “La soledad de los números primos” de Paolo Giordano. En algunos instantes me recordó “El guardián entre el centeno”, pero tenía un toque de realidad que le sacaba de aquella espiral sin salida. Por otra parte el final se acerca más a “Bajo el eucalipto” de David Gómez. Siempre, en una historia creíble, la realidad debe imponerse.
El segundo libro entre los destacados aún es mucho más antiguo: “Pantaleón y las visitadoras” de Mario Vargas Llosa. Debo reconocer que lo ley en una pausa entre los libros de Tom Sharpe y aún me hizo reír más. No sé si porque el libro era tan cómico o debido a que el calentamiento realizado a través de las lecturas del británico fue de categoría.
Apenas me quedan unas veinte páginas para acabar (esta semana cae), pero “Afther Dark” de Haruki Marukami, que empezó a ritmo lento, ha llegado a desesperarme. Probablemente tendría que haberlo terminado hace meses, pero otros libros le han pasado por delante. Dentro de las páginas de ese libro se cuece un caldo entre americano y japonés que no tengo suficientes referencias para evaluar. Sin embargo, la historia llena de imágenes alegóricas me ha llamado la atención y llevo semanas buscando información para intentar comprender de dónde sale todo eso. Tengo que concluir que está mucho más centrado en un Japón moderno nacido de la crisis de los años setenta y lleno de figuras muchas veces representadas en el Manga. Un consejo, no buscar documentación en el Japón clásico ni en la obra cinematográfica de Kuroshawa, son formas muy diferentes de ver el mundo.
“Educación para la Ciudadanía y Derechos Humanos” de Gregorio Peces Barba pretendía ser un manual para que padres y profesores entendieran la necesidad de introducir esos valores en la enseñanza obligatoria. Sin embargo, la poca preparación del profesorado, la abstrusa visión de algunos libros de texto y la bisoñez de algunas ideas, hacen cuestionar su validez. Por si fuera poco las recientes declaraciones de xenofobia anticatalana del autor hacen de este libro un tocho enorme de papel mojado.
“España, capital París” de Germá Bel trata el tema de las políticas de infraestructuras de nuestro país. La España que nació con la llegada de los Borbones ha sido desde siempre un de los grandes palos en las ruedas del crecimiento económico de nuestro país. En Madrid, a la hora de trazar todas esas políticas, se han mirado en el espejo deformado de la capital francesa, sin comprender las diferentes características de ambas capitales. Posiblemente si esa política se hubiese realizado sobre una capital centrada en Sevilla, hubiese tenido más sentido. Entre tanto se están sacando recursos de donde son necesarios para llevarlos donde e quiere resaltar… un desastre. Germa Bel, poco antes de de que se trazaran las políticas comunitarias sobre el Corredor del Mediterraneo, muestra en este libro nuestra situación y razones históricas, después muestra las posibilidades con todos los datos necesarios para tener una opinión propia y finalmente establece las razones y políticas por las que deberíamos regirnos en el futuro para no seguir malgastando nuestros recursos, nuestro tiempo y no terminar perdiendo ese tren europeo que se ha paseado durante un tiempo ante nuestras narices. Germa Bel no se muestra muy optimista viendo las políticas de infraestructuras que al final terminan llevando a cabo tanto PP como PSOE. Los dos únicos partidos que parecen tener opciones a gobernar nuestro país en los próximos años.
La relectura de la “Historia de España” de Pierre Vilar me ha mostrado matices que en lecturas anteriores no había percibido. El “España, capital París” parece que no solo se centra en las infraestructuras… ¿Es España un país sin futuro? Bueno, lo cierto es que cada vez que hay una revolución cultural, industrial, estructural… lejos de la capital, el país avanza. Pero cuando todo lo creado se va hacia el sumidero central llega un periodo de dulce decadencia hasta sobrevenir una crisis que nos impulsa varios escalones más debajo de dónde estábamos.
Este año he leído, o empezado a leer libros que negaré haberlo hecho, así que ni los nombraré aquí. Pero dentro de los recién empezados si me gustaría destacar “En Casa” de Bill Bryson. Apenas llevo tres capítulos y ya me he quedado prendado de la forma tan elegante de presentar gran cantidad de información realmente fascinante.
Entre los que desaconsejo (y aquí me querrán linchar sus fans) los libros de la saga “Dune” de Frank Herbert, escritos después del primero. Es cierto que el primero, que ya leí el año pasado, era fascinante. El segundo, “Hijos de Dune” ya no aporta nada nuevo al panorama de la ciencia ficción, pero los que siguen, como “El mesías de Dune” ya son infumables. He picoteado dos más para ver si había algo más bajo el cielo, pero si no eres un fan con mucho aguante resultan lecturas muy tediosas y que no aportan nada. Es curioso, porque si en su día alavé las novelas que diferentes autores habían producido para el universo de Star Trek y tratado de aceptables las de Star Wars, en este caso, aunque el autor es el creador original, esos libros no pasan la prueba del algodón. Claro que el gran Arthur c. Clarke estuvo a punto de naufragar con su serie Venus Prime y al final, tras superar cinco historias prescindibles, nos terminó por descubrir un universo de ficción muy loable.
Para acabar mi promesa para el próximo año: “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera. Solo espero que no me sea tan insoportable.
Imagen sacada de http://93bcn.blogspot.com
viernes, 9 de diciembre de 2011
El cuarto Rey Mago

lunes, 24 de octubre de 2011
Cinco escenas de película más.

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Y todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia… Es hora de morir.
¿Alguien tiene alguna sugerencia mejor para abrir otra nueva sección de momentos memorables? Es casi el final de Blade Runner y creo que esa secuencia da sentido a toda la película. No sé si la frase está contenida en el libro “Sueñan los robots con ovejas eléctricas” de Philip K. Dick que da origen al libro porque, a pesar de haber leído bastantes libros de este autor, este no está en mi lista.
En la ocasión anterior, en que seleccionamos alguna secuencia del cine mudo, ya vimos que no todas las grandes secuencias tienen que contener palabras. Veamos esta. Se escucha el vals “El Danuvio azul” de Johan Strauss y un transbordador espacial con los logos de PamAmerican se aproxima a la entrada de una estación espacial que gira para mantener una cierta gravedad artificial en su interior. La nave se pone frente a la entrada e inicia una rotación para igualar su velocidad de giro a la de la entrada de la estación. Todo el proceso se realiza como si de una coreografía se tratara y rodeado de los colores del espacio y del próximo planeta azul. Es 2001, una odisea en el espacio. Dicen que hay escenas que valen por toda una película y creo que esa es una, aunque el film aún cuenta con un par más de escenas memorables que ya comentaremos otro día, sin embargo el film es prácticamente ininteligible a no ser que hayas leído el libro de Arthur C. Clarke, que también asesoró científicamente al director, Stanley Kubrick. A pesar de las dificultades hay que admirar los sensacionales efectos especiales realizados en aquel remoto 1968, y que no serían superados hasta 1977 por Steven Spielberg con “Encuentros en la tercera fase” y, sobre todo, George Lucas con “La guerra de las galaxias”. Solo por eso ya debe ponérsele en el pedestal de las grandes películas. El film aún cuenta con dos aportaciones esenciales más. Por una parte Kubrick, a última hora, tuvo el buen criterio de rechazar una banda sonora realizada a la moda de la época (ojalá el director del film “Charlie” hubiese tenido tan buen sentido). En su lugar cogió excepcionales piezas de la música clásica, entre las que destacan este vals y la música por la que más se recuerda la película: el “Así hablaba Zarathustra” de Richard Strauss. Por cierto, y como anécdota, Johan y Richard no tuvieron ningún tipo de relación familiar, el hecho de que compartan apellido es meramente casual.
La otra gran aportación de Kubrick al film fue muy alabada por el autor de la novela, y fue la de cambiar el lugar del desarrollo final del libro de Saturno a Júpiter. Tanto le gusto a Clark que las dos continuaciones se hacen sobre el destino de la película y no sobre el del libro original. De hecho desplaza lo que tenía que ser una referencia a Titán hacia Europa que, gracias a descubrimientos recientes de aquellos momentos, tenía más sentido. De hecho en un libro posterior de su otra saga “Venus Prime”, Europa muestra todos sus secretos de ficción científica.
Saltamos de la ciencia ficción a la ficción a secas. En la primera película de Indiana Jones vemos como nuestro héroe pierde el látigo identificativo y se tiene que enfrentar a un rival que le cree desarmado. Con un movimiento rápido y certero saca un arma de fuego desde atrás y elimina a su rival de forma sorprendente. Recuerdo que el cine lleno de niños lanzó gritos de júbilo por la ficticia hazaña. En la segunda película, Indiana Jones y el templo maldito Spielberg juega con ese recuerdo y al salir de la montaña rusa se vuelve a encontrar en una situación similar donde pierde el látigo cuando hade enfrentarse a un rival armado con un sable. La imagen se ralentiza y enfoca su espalda donde la mano de Jones busca la pistola de la primera película, pero… ¡Oh, sorpresa!, no está. Sí, ya sé, la mayoría recuerdan el film por las secuencias de la caída desde el avión con la barca y por la secuencia de la montaña rusa de las carretillas, pero recuerdo que en el cine fueron esta escena y la de la asquerosa comida de gala, las que más escándalo generaron.
Términos como Jihad, Fedaykin, Dar Al-Hikman, Muad’Dib, Auliya, Al-Lat y otros muchos, junto a los eternos paisajes de desierto de arena nos podrían hacer pensar en una película sobre la península arábiga y el mundo del Islam, pero no es así. Dune es una de las películas más extrañas de la ciencia ficción. La primera novela de la saga, a pesar de la incontable enormidad de nombres y personajes que salen, al centrar toda la historia en la familia Atreides se sigue bien y sorprende. Los libros que siguieron, en mayor o menor medida van perdiendo el atractivo del primero y solo para los fans de la saga merecen la pena. Respecto a las películas, todo y que después los efectos especiales mejoraron mucho, me quedo con la de David Lynch. Y puestos a elegir una escena me quedo con aquella en que el protagonista llama al gusano más grande para cabalgarlo sobre las dunas. Es una escena llena de triunfo que compensa las miserias que ha tenido que sufrir el protagonista para llegar al que será el final liberando a Dune de la opresión de los otros mundos.
Posiblemente el significado de la historia en 1965, cuando Frank Herbert la publicó por primera vez, era muy diferente al que podría dársele ahora. De todas formas, a pesar de la gran película que hizo David Lynch, mi consejo es que se lea el libro. Puede ayudar a comprender el mundo actual mejor que los noticiarios.
En la anterior ocasión ya atacamos una escena de la saga de “la guerra de las galaxias”, así que para no repetirme tan pronto me voy a otra guerra del mismo año (1977): La guerra de papá. Me parece oír al entrañable Alfonso Sánchez con su voz nasal diciendo: esta es una película española de Antonio Mercero, basada en la novela de Miguel Delibes “El príncipe destronado”. El eje central de la historia es el pequeño de la familia, Quico, con cuatro años (uno menos que Shin Chan) que deja de serlo cuando nace una hermanita. Es una familia acomodada donde el padre es un veterano del bando nacional que no duda en recordar su patriótica victoria para ejercer su autoridad. Las travesuras del príncipe, ahora destronado, para mantener la atención de sus padres, que parece haberse desviado hacia su hermanita, dan origen el título de la película. La travesura que muestra toda la ternura de esa guerra es cuando el chavalín hace creer a su madre que se ha tragado un clavo. Logra la atención materna que lo lleva al médico, pero este sumarialmente le receta mucha fibra y en especial sus odiados espárragos, para que envuelva al objeto extraño y salga sin dañar ningún órgano. Cuando su madre está a punto de hacerle comer un plato de espárragos Quico deja caer ruidosamente el tornillo al suelo.
Hoy, tal vez sea una película algo anacrónica, entonces en medio de la aburrida avalancha de cine de destape anoréxico de ideas, supuso una bocanada de aire fresco. Al año siguiente Mercero (también director de “La cabina” y “Farmacia de guardia”) puso a Lolo García, el Quico de esta, a hacer el papel de un ángel en el film Tobi. Ya no tuvo tanto éxito, solo atrajo a algunas amas de casa enternecidas por la carita de este niño.
Para no alargarnos mucho lo dejaremos aquí… por ahora.
jueves, 8 de septiembre de 2011
Todo vale en el nombre del arte.

Seguramente la mayoría de vosotros ya conocéis esa serie de humor llamada “Museo Coconut”. Las tonterías surrealistas producto de las relaciones entre unos personajes muy extraños son la base del programa. Pero en el fondo subyace un escenario por el que pasa una interpretación, en ocasiones muy real, del arte abstracto. De hecho esa parte no es más que el fiel reflejo del debate existente durante los últimos 100 años, sobre dónde empieza y dónde acaba el arte. Antes, incluso, ya se puso en tela de juicio a muchos artistas por no seguir los cánones establecidos por las escuelas predominantes en cada momento… y eso que el arte figurativo puede parecer más sencillo.
No escapa, pues, ni al más tonto, que en muchos momentos los artistas abstractos han sobrevivido gracias a la amistad con críticos y otros artistas. También ha sido vital para la supervivencia del arte de lo ininteligible, el uso y abuso de técnicas publicitarias. Tanto es así que muchos de estos artistas han recurrido a escenografías, en su vida real, para dar a conocer su nombre. Encerrarse en un hotel y pintar las paredes, tomar un edificio, lanzar soflamas provocadoras e incluso racistas en un lugar público, vestir de forma llamativa, insultar, desnudarse… cualquier cosa que logre que los medios de comunicación, verdaderos dioses y jueces de la actualidad, hablen de ellos. El arte, finalmente, pasa ser algo secundario.
Con todo esto, no es extraño que aquellos que desean una vida fácil recurran a los mismos argumentos y se llenen las televisiones de soflamas pueriles y de personajes fatuos que terminan hablando de lo que realmente importa sin conocimientos de causa ni pudor por la ignorancia. Así la televisión en nutro país a comienzos del siglo XXI, está dominada por un plató lleno de personajes sin vergüenza que se gritan, entre insultos, sus trascendentes opiniones superficiales. Y a eso, algunos, le llaman periodismo, quizá para no mancillar al arte que lo parió. Entre tanto, los artistas que enjendraron este absurdo invento, mudan sus estatuas informes a espacios más acordes y olvidados. Han perdido su momento.
Como estos, la literatura también tuvo sus momentos de locura. Quien no piensa en los esperpentos de don Valle-Inclán o se acuerda del libro aparcado de Paco Umbral. Que ya en el siglo de Oro los Quevedo, Góngora y Lope de Vega se dieron estopa por un lugar en el cielo. De estas, y no de las otras, cree alimentarse el insigne Pérez-Reverte. Como los que no hablan, sino gritan, el escritor fue periodista, pero él sufrió el infierno de los más sórdidos lugares de la tierra: las guerras. Mojando su pluma en la sangre de la brutalidad humana, nació su obra destinada a la redención. Pero no pudo resistirse el autor al endiosamiento del poder que da ser oído, ser autoridad y llevar un enorme bagaje encima que te hace creer que ya sabes todo lo que importa en la vida. Y embutido en este nuevo traje de Dios entre los burros, ya se cree en el derecho y obligación de arrastrar en los lodos de la lengua a todo aquel que se le ponga a tiro. Así, con razones y sin ellas, lo importante es demostrar la enorme capacidad para el insulto perlado de una excelsa gramática y correcta ortografía. Parece que en sus manos, si uno es portador de la rectitud que otorga la RAE, tiene derecho a propinar, a todo el que se le oponga, un mamporro verbal y escrito.
No me preocupan ni Jorge Javier ni la Esteban, acotados en la pantallas de la insustancial televisión privada. Me preocupan más los sabios perdidos que se dejan llevar por la pasión del insulto enlucido, pero tan fatuo y vano como el comentario tertuliano de un cerebro frito por la coca.
Todo vale, en el amor y en la guerra, pero de las batallas más sucias nunca saldrán indemnes las alas más tristes.
Imagen extraída de www.20minutos.es
domingo, 4 de septiembre de 2011
10 instantes o frases de la historia del cine

10 instantes o frases de la historia del cine:
1. El descubrimiento de María, en “Metrópolis” dirigiéndose al pueblo en las catacumbas de un mundo futuro gobernado por las máquinas. Podría recordar a Santa Tecla dirigiéndose a los primeros cristianos entre la muerte de Pedro y la ascensión del primer Papa. También podría ser referido a la época actual donde las inhumanas máquinas sería el neoliberalismo y las catacumbas serían Internet. Sin duda la autora de la novela Thea von Harbou y su marido y director del film Fritz Lang, quisieron usar el advenimiento del cristianismo, pero en su generación reflejaron el nacimiento de todas las grandes revoluciones basados en los tres principios: necesidad, liderazgo y decisión.
2. “Casablanca” es una de esas películas que está llena de grandes frases y grandes momentos… algunos más generados por la mitología popular que por la cinta, como el “Tócala de nuevo, Sam”, pero otras bien auténticas, como el “Siempre nos quedará París” y mi favorita: “Creo que este es el comienzo de una gran amistad”.
3. “Some Like It Hot” no hubo forma de traducirlo y que quedara bien en castellano, así que el título de la película se convirtió en “Con faldas y a lo loco”. Todo el divertido film se resume en el diálogo final cuando un viejo millonario secuestra en una lancha a uno de los protagonistas que esconde su masculinidad para poder trabajar, y pretende casarse con la supuesta ella. Tras darle largas a sus propuestas matrimoniales con excusas y el otro superarlas con extenuante comprensión, termina quitándose la peluca y diciendo con su voz más masculina: “¡Soy un hombre!”. A lo que el otro contesta resignado: “Bueno, nadie es perfecto”.
4. “Independence Day”. Cuando Will Smith enciende el cigarro tras acabar con un alíen. En ese acto se subliman drama y comedia recuperando la credibilidad después de una escena trepidante e ilógica. Los puntazos del protagonista logran salvar una película con buenos efectos especiales, pero un guión lamentable.
5. "A Dios pongo por testigo... A Dios pongo por testigo de que no lograran aplastarme, viviré por encima de todo esto, y cuando haya terminado nunca volveré a saber lo que es hambre. NO, ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que estafar, que ser ladrona o asesina. ¡A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre! ". Supongo que huelga decir que hablamos de “Lo que el viento se llevó”.
6. Y si hablamos de esta frase también tenemos que ir a otra que, sin embargo, después se ha repetido hasta agotar su gracia: “¡Alégrame el día!”. La voz cavernosa suena desde detrás de la Magnum 45 que apunta en la cara de un supuesto delincuente que intentaba alcanzar su arma. Harry el sucio, es decir Clint Eastwood, pronunciando una de las frases más celebres del duro entre los duros.
7. En inglés escucharon esta frase con la voz de James Earl Jones, nosotros con la de Constantino Romero en “El Imperio contraataca”: “Luck, yo soy tu padre”.
8. Una frase azucarada hasta la nausea en una película azucarada hasta más allá del vómito y, sin embargo, sostiene perfectamente los momentos finales de una película que marcó toda una época. “Love Story”, y la frase era “amar es no necesitar nunca pedir perdón”. El recuerdo final del protagonista masculino de esta frase de su pareja da sentido a todo el film. Tan profunda es la frase dentro de la historia que también abrió la secuela de la que casi nadie se acuerda.
9. “Nunca olvido una cara, pero creo que con usted haré una excepción”. Las películas de los germanos Marx son sinfonías de frases ingeniosas. Esta la dice Groucho Marx en “El hotel de los líos”, aunque la gran excelencia de las escenas es la del camarote (ya conocido como el camarote de los hermanos Marx) en “Una noche en la ópera”. La frase sería “Pasen, pasen, cuantos más seamos más reiremos”.
1 Esta frase no me impresionó demasiado en su momento, pero los acontecimientos de los últimos tres años, y sobre todo de los últimos meses, le han dado una nueva dimensión: “El pueblo no debería temer al gobierno, el gobierno debería temer al pueblo” (“V de Vendetta”).
Imagen tomada de www.danienlared.com
martes, 30 de agosto de 2011
FIESTA
Cualquier nombre elucubrado en una mala digestión de picante y alcohol y que algún otro, antes que él, ya pensó, se arregla con un guión bajo y un sesentainueve con el morbo del vapor de un último eructo antes de abandonar la cena de de ayer, en la taza del wáter.
Y después, dejas el ordenador encendido, con la dirección de correo a la vista, no la vayas a olvidar dentro de unas horas, cuando despiertes de tu etílica inconsciencia, en un camastro sucio y arrugado.
-¿Y el trabajo?
-Mal –contestas a tu madre-.
Te despertó en la peor hora. Cuando los barcos ya zarparon. Y de sus proas un mar de espuma se hizo pasta de guano en tu boca.
-¿Y los exámenes?
-Muy bien.
El de cálculo nunca lo entregaste, el de estadística rozó el aprobado y el de economía… ¿Cuándo fue el de economía?
-¿Ya has desayunado?
-Siiiiiiiií.
Que para meterte un café con leche tienes tú las tripas. Son más de las doce, pero aún guardas el regusto a macarrones agrios… ¿Por qué tendrías que desayunar?
Cuelgas el teléfono sin preguntarle cómo está ella, cómo tu padre, cómo tu abuela, cómo el canario, cómo el perro flaco al que nadie llama por su nombre: Perro.
No vale la pena volver a la piltra con semejante dolor en la testa. Pero sabes que no hay aspirina, paracetamol o ibuprofeno que lo alivien. Solo una calada de maría te sirve de consuelo, pero el cáñamo está seco, un mes olvidando regar la maceta lo ha dejado amarillento, marrón, casi negro. Aún así metes lo que queda en un papel de fumar viejo. Pero al encenderlo arde como una tea y casi te quemas los labios. Suficiente. Ya estas despejado.
Y el password es jopu6969… el de siempre. Pero esta vez te vas a tatuar la dirección en el brazo para no olvidarla (en el culo y con escoriaciones te la grababa yo, so cabrón). Bueno, a falta de ganas de ir a la tienda de Tatus, y de dinero para ello, bien puedes escribírtelo en la muñeca con un bolígrafo.
Por fin… esta noche si podrás darles tu dirección a las titis para que se pongan en contacto contigo. Y mañana probaremos con el facebú… si es que aún te quedan neuronas.
¡Y que siga la fiesta!
jueves, 18 de agosto de 2011
Paul Preston vs Stanley Payne.

Leer libros de historia de España, en especial todo lo referente al siglo XX, puede ser una tortura o incluso un desgraciado fracaso. Es cierto que a lo largo de la historia universal se da como buena la máxima de que son los vencedores los que escriben la historia, pero en nuestro país, además, se han inventado el pasado. Pero hablando de vencedores, lo que realmente se llaman vencedores, en nuestro país solo ha existido uno: la iglesia católica. Los Austria dieron paso a los Borbones, los Carlistas a los isabelinos, los absolutistas a los liberales, los liberales a los conservadores y estos otra vez a los liberales… alternándose hasta el golpe represor de Primo de Rivera. A este último le arrebató el poder su propia ineptitud y de ahí los monárquicos tuvieron que ceder el poder a los republicanos, y a estos se les fue de las manos entre el populismo y el fascismo. Un fascismo que se fue transformando hasta la muerte de Franco para dar lugar a algo que solo el futuro podrá definir. Pues bien, a lo largo de todos esos cambios solo una cosa permaneció estable en el poder, salvo en los territorios republicanos, y solo mientras duró la contienda civil: la iglesia católica. Visto así, la historia de España es la historia de esta religión, pero que como vencedora todos los textos están escritos por ella.
Durante la Edad Media toda Europa quedó sumida en una contumaz persecución de los documentos que no convenían a ese gran poder emergente. La península ibérica, aunque ya había sido dominada por la fe romana, había perdido ese territorio en manos de otra fe: la islámica. Pero la iglesia cristiana, aunque no poseía soldados propios, se hizo con el espíritu de un pueblo llamado a dominar toda Europa: los francos. Carlos Martel termina demostrando que es el gran líder y, aunque en un principio se enfrenta a diversos obispos, cuando finalmente usurpa el poder tiene a la iglesia de su lado. Tanto es así que su hijo Pipino el Breve, acude en ayuda de Roma frente a un pueblo realmente peligroso: los lombardos. Por este hecho se convierte en rey de los Francos, aunque, sobretodo, se abre una nueva senda para su estirpe. Esa senda acaba en su hijo, el gran Carlomagno que sería convertido en emperador del Imperio Sacro Romano Germánico (el II Reich). Si su abuelo había frenado las incursiones árabes más allá de los Pirineos (a pesar de la indolencia de los reyes holgazanes), él planteo asegurar sus fronteras dando lugar a la Marca Hispánica. Los Pirineos, después de las victorias de Carlos Martel, se convierten en una barrera natural que ningún gran ejército musulmán osa volver a superar. Solo se observan pequeñas incursiones que permiten ubicar población en los valles de ambas vertientes. Para algunos aquello es territorio andalusí, para otros es del reino franco, pero lo cierto es que allí solo habitan campesinos armados sin patria ni fronteras. Con Carlomagno se dan incursiones cristianas que ahora son los sarracenos quienes han de frenar. Pero se da la casualidad de que hacia el oeste, la revuelta que algunas décadas antes había liberado grandes extensiones de territorio a orillas del Cantábrico, estaba distrayendo muchas de las fuerzas del Califato. Pero Carlomagno tenía un plan que, posiblemente no fuera del todo suyo. Para ello edificó en los valles del sur iglesias y templos por donde la orden dominicana se extendió. Esta orden era puntera en la copia de libros y en los estudios teológicos, lo que sirvió para cultivar a unos poblaciones bárbaras y generó una mayor afinidad hacia la fe cristiana y una aversión, casi definitiva, hacia el islam que, a la postre, sería definitiva en el curso de la llamada Reconquista. Entre los templos que los dominicos construyeron en el avance hacia el sur de la Marca Hispánica, destaca el de Ripoll que se convirtió en uno de los centros culturales más importantes de Europa en aquella época.
Desde aquel momento, muchísimos años antes del nacimiento de ese estado al que hoy llamamos España, la iglesia católica ya no perdió ninguna guerra más dentro de la península ibérica. Puede que alguna batalla sí, pero sería difícil encontrarla, sobre todo cuando a partir de ese instante será la propia iglesia la que suministrará todos los utensilios que escribirán nuestra historia.
Tras trece siglos ejerciendo el poder no es de extrañar que hoy, a todos los que profesan el poderío de la fe romana, les cueste tanto renunciar a todo. A pesar de que las palabras de sus evangelios citan a Cristo diciendo “al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”, no parecen tener muy claro cuál es su sitio. A fuerza de ser Cesares han perdido significado de su fe. Así vemos como hoy, cuando ya hay más bodas civiles que religiosas, siguen esgrimiendo la supremacía de su fe, para adueñarse de parcelas de poder que no les pertenecen… y del dinero. Para ellos la evidencia no existe y siguen vistiendo estadísticas falseadas y apoyando lecturas que explican el pasado desde una perspectiva igualmente falseada. Claro que la iglesia también ha tenido algunos adalides responsables, como el cardenal Tarancón, que en pleno franquismo se atrevió a pedir perdón por la colaboración que tuvo la iglesia con el sanguinario dictador, para conservar sus garras aferradas al poder.
El drama de todo esto es que, ya con Primo de Rivera, la derecha española se asoció con los príncipes de la iglesia (siempre hubo y habrá pequeños párrocos y sacerdotes, meros soldados que viven en el pueblo y para el pueblo) y, además de formar parte de las confabulaciones por obtener más poder, crearon una escuela de manipulación histórica.
La República permitió que una enorme cantidad de eruditos empiecen a escarbar entre las falsedades que habían escondido nuestro verdadero pasado. Pero el franquismo actuó con contundencia y formó equipos de arquitectura histórica para crear una nueva historia afín a sus ideales… y a los de la iglesia. Entre los primeros obreros de esa manipulación, Franco contó con Manuel Aznar, abuelo del expresidente del gobierno español. Pero con Franco hubo tiempo de crear escuela, una escuela que, como es lógico, no moriría con Franco.
Al final de la dictadura la imagen más relevante en el ámbito de ese “revisionismo histórico” (como le gusta llamarle a algunos, yo prefiero llamarle simplemente falsificación histórica) tiene un líder en la figura de Juan de La Cierva (padre de la enciclopedia “Historia de España” que editó Salvat durante la dictadura y reedito, ampliada, a principios de la “democracia”). Porque uno pensaría que con la muerte del generalísimo los libros de historia, automáticamente, pasarían a estar escritos conforme a como estaban antes del franquismo. Pero 40 años de azarosa investigación histórica no podían acabar así. Más aún cuando en la redacción de la nueva democracia estaban muy presentes las cabezas pensantes de la etapa dictatorial anterior.
Posiblemente los historiadores de siempre, que no habían desaparecido a pesar del dominio político de los “neohistoriadores”, retomaron sus carreras para, poco a poco ir limpiando las leyendas y los documentos. Por su parte, la división de España en Comunidades Autonómicas, facilitó la aparición de libros de texto donde la historia se centraba en los relatos de otras naciones de “las españas”. Sin embargo el revisionismo franquista, que había conquistado puestos de poder durante una larga etapa, difícilmente iba a ser sacado de ahí. Como un ejemplo más de la fuerza de estos personajes tenemos al propio Ricardo de la Cierva ejerciendo de ministro de cultura en un gobierno de la UCD.
Desde entonces cada texto de historia serio ha sido implementado por uno de la historia bufa de De La Cierva y sus secuaces. Con el tiempo los nombre cambian, así hoy tenemos al exterrorista Pío Moa que abandonó el marxismo revolucionario por este revisionismo casposo, y al ultracatólico César Vidal , muy hábil y serio en ocasiones, lo que le da prestigio, pero capaz de producir un libro de propaganda al mes. Hay más, muchos más, pero sus nombres no son tan conocidos, aunque las puertas de algunas editoriales están bien abiertas para ellos. De hecho, en nuestro país, de esta historia defectuosa se escriben publican más libros que de ninguna otra temática. Hasta personajes con tan fatuos conocimientos históricos como el iracundo Federico Jiménez Losantos, tienen bula para soltar sus arengas de historia ficción. Por el otro lado también hay historiadores que pierden el tiempo intentando rebatir todas estas argumentaciones.
Sea como fuere en España se ha adquirido la costumbre de argumentar con muy poca base documental y sin tener en cuenta la visión de las gentes de tiempos pretéritos, dándole a los hechos acaecidos en tiempos remotos una visión totalmente actual que, de seguro, no tuvieron. Historiadores y escritores de muy diferente índole como Javier Tusell, Fernando de Orbaneja, Julio Cortazar… han intentado, con solo un relativo éxito, encauzar la historia hispánica. Pero resulta que la historia de la piel de toro, incluso mucho tiempo antes de aflorar el nombre de España, ha quedado en entredicho por sus reiteradas manipulaciones. Así que no ha quedado más remedio que dejar la credibilidad de nuestra historia en manos de autores extranjeros que de alguna manera se sientan menos influenciados por las tendencias emocionales de los textos.
Sin lugar a dudas el francés Pierre Vilar es el más valioso pilar para trazar el esqueleto de nuestra historia contemporánea. Pero algunos lo ponen en duda por ser el enviado especial, en tiempos de la Republica, de un periódico francés en España. Afortunadamente son solo voces sin suficiente prestigio y podemos aceptar la obra de este historiador como el “cogito” en la nueva estructura cartesiana de nuestra historia contemporánea. Así mismo, aunque con algunos reparos, Hugh Thomas, Ian Gibson, Raymon Carr y Paul Preston (la escuela inglesa) han terminado de reconstruir esa parte sórdida de nuestro ayer y aún se han atrevido a bucear en épocas más lejanas de nuestro pasado. De hecho Hugh Thomas ha tratado el tema de la conquista y el colonialismo en América con bastante profundidad.
Pero, por el título del artículo, es Paul Preston el que nos interesa ya que en los años sesenta vino a España como un joven interesado en la historia española y el propio Ricardo de la Cierva lo cogió bajo su ala protectora pensando en hacer de él su adalid de la nueva historia. Sin embargo también le abrió las puertas de la documentación que hoy se oculta en la Fundación Francisco Franco, de la que tomó buenas notas que le guiarían en sus investigaciones futuras. Grande fue la decepción del español al ver que Preston no se vendió a sus amables modos y consideró que el inglés se había aprovechado de él. A De La Cierva le costaba entender eso porque años antes con Stanley Payne la cosa había sido muy diferente, y eso que el norteamericano venía influenciado por los exiliados que le habían animado a especializarse en el hispanismo. Con Paine no se atrevió a abrir las puertas del Santo Sanctorum pensando que era más libertario, con el inglés le pasó lo contrario...Con todo, el problema del norteamericano no está tanto en tener una educación conservadora, sino el de pedir los documentos de estudio a bases de datos y amigos sin ningún tipo de contrastación. Por ejemplo, en su famoso libro “El catolicismo español”, el grueso de la documentación fue facilitada por la Conferencia Episcopal Española. Aunque diéramos por hecho que esta fuente no supone ningún tipo de censura informativa, ni manipulación conocida, la obligación de todo autor en un tema donde va a hablar de una fuerza aún viva, es buscar contradicciones y fuentes que rebatan los datos obtenidos. El resultado final de ese libro, comparado con el conocimiento que tenemos por el mero hecho de vivir en este país, ya produce una cierta hilaridad. Por eso que Payne sea hoy miembro de la Real Academia de la Historia de España y se permita hacer críticas a ese otro autor (Paul Preston) que pone en duda cada documento que cae en sus manos y así lo manifiesta en sus obras, parece ridículo. Si pensábamos que solo los hispanistas nacionales pueden estar afectados por la significación ideológica de nuestra historia, ya vemos que en la figura de Stanley Payne también eso es posible para un hispanista foráneo. Y es que la historia de nuestro país parece ser la más difícil de todas las historias, ya que un mismo hecho o documento, puede dar lugar a un infinito número de explicaciones, interpretaciones o justificaciones… ¿No sería mejor que a la hora de escribir historia nos cerniéramos a averiguar si los documentos que barajamos son buenos o manipulados? Seguro que seríamos más conscientes de nuestra realidad. Entre tanto sería mejor que dejáramos de publicar a autores que no nos pueden aportar nada, como Stanley Payne o, en una medida más caricaturesca, Pío Moa. La verdad es que la obra de Víctor Mora (El Capitán Trueno) contiene más y mejor historia que la de estos señores.
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