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lunes, 16 de septiembre de 2013

El fin del mundo









Generalmente las reuniones de la junta directiva se hacían con las puertas del recinto de secretarias abierto, e incluían a los directores de departamentos afectados por los temas a tratar, pero en esta ocasión no era así. Tan pronto llegó el último de los doce consejeros, la puerta de doble ala de la sala de reuniones corporativa se cerró por primara vez en los cincuenta años de historia de la empresa. De lo que allí sucedió no existe hoy ninguna constancia escrita, ni testigos, ni nada absolutamente que demuestre el grado de delito de cada uno de aquellos nuevos doce hombres sin piedad, pero las consecuencias las estamos sufriendo todos hoy en nuestras carnes.
Todo empezó unos pocos años antes cuando algunas grandes empresas no pudieron frente a las acciones del sindicalismo, boicots encubiertos de consumidores y diferentes tipos de respuestas a las políticas neoliberales emprendidas por las grandes empresas tras la crisis del petróleo. Lo que ellos consideraron la gota que colmó el vaso, el resorte que les llevó a dar una nueva vuelta de tuerca contra la humanidad, fue la quiebra de Pan-Am, una de sus empresas insignia. Sin embargo, no fue hasta la caída del muro de Berlín, que sus ambiciones pudieron moverse libremente para exprimir al Mundo, ya sin una alternativa política que pudiera poner en entredicho sus acciones. El problema, sin embargo, eran ellos mismos, dado que ninguno era capaz de ver a las masas humanas que les separaban de su riqueza y su gloria, como entes abstractos incapaces de sufrir.
En aquella reunión, como en otras muchas de decenas de grandes empresas destinadas a dominar la economía mundial, se decidió contratar a auténticos psicópatas que pudieran ejecutar los planes que ellos mismos habían elaborado. Desde entonces, casi todos los ejecutivos de recursos humanos de grandes empresas mundiales pasaron a ser sociópatas destinados a masacrar la humanidad. Pero como seres sin empatía y llenos de ambición, este poder siempre les pareció pequeño, por ello, una vez controladas las masas obreras, no se quedaron ahí y decidieron robarles los derechos que tanta sangre, sudor y lágrimas habían costado; para luego apuntar al interior de las propias empresas y empezar a desbancar a los ejecutivos que les contrataron. Su nuevo objetivo: dominar y corromper los mercados para hacer sucumbir a las propias naciones.
Y mientras las naciones se arrodillan ante el poder de las grandes empresas, por la fuerza de los mercados, los nuevos amos del Mundo ya preparan una guerra sin cuartel, empresa contra empresa, hasta que solo uno de ellos gobierne en Mordor.

Imagen extraída de la web de www.euroinnova.es