sábado, 21 de febrero de 2015

La renuncia

Imagen de un Caballero Hospitalario tomada de la web www.los-templarios.com.ar


Vine a Tierra Santa siguiendo a mi rey. Nuestro deber era proteger el viaje de los peregrinos hasta Jerusalén. Nobles ideales fueron el motor de aquella campaña. Tan sólo pequeñas escaramuzas vi y, ni por un solo instante, tuve dudas sobre el valor de las Cruzadas. Todo empezó a cambiar cuando mi amo y señor tuvo que volver por causas relacionadas con su regencia. Yo decidí seguir con aquella noble labor y me hice servidor de la orden hospitalaria, quedando varado en la ciudad de Accra. Ignoraba que la verdad estaba a punto de abrirse como un melón ante mis ojos.
Mogdelor era el jefe de mi unidad. Un teutón malcarado y mal hablado que pasaba la mitad del tiempo en su celda haciendo penitencia. Una mañana se asumió la misión de tomar el oasis de Al-Zinnara. Cuando lo alcanzamos con la vista, un pequeño número de beduinos bebían de sus aguas, pero al oler nuestra presencia se internaron en el desierto con sus camellos de una sola joroba. La misión era proteger el agua para que una caravana de creyentes pudiera hacer noche en el lugar sin peligro, pero Mogdelor se empeñó en seguir a aquellos pobres desgraciados.
Nunca antes había dudado de las aptitudes de nuestro líder, pero él afirmaba que aquellas alimañas eran algo más de lo que parecían y no se equivocó. Cuando los alcanzamos estaban en un poblado de ladrones del desierto. Arrasamos su guarida con gran rapidez y ferocidad y no dejamos hombre, mujer o niño con vida. Quemamos su campamento y nos llevamos todas sus pertenencias cargadas en sus propios camellos. Fue un acto repugnante… ¿Dónde estaba Dios en aquel momento? Pero, sobre todo, ¿dónde estaba Dios cuando regresamos a Al-Zinnara y encontramos a todos los peregrinos muertos?
Al parecer, mientras nosotros repartíamos nuestra justicia divina, una avanzadilla de Suleiman se había aventurado en la ruta de Tierra Santa y, al encontrar la caravana de peregrinos, hizo un magno escarmiento.
Mucho ha llovido desde aquel día, incluso aquí, a orillas del desierto, pero os puedo asegurar que, aun estando tan cerca de la patria de Jesús, no he visto a Dios por ningún sitio. El Abad cree que debería volver a mi país, que he perdido mi fe, pero sé que no es ese el problema. Lo que sucede es que he visto y derramado demasiada sangre y conozco su secreto. Las Cruzadas son un enorme campo de batalla en el nombre de Dios y de Alá, pero en cada enfrentamiento, buenos y malos hombres, sufren y mueren bajo el filo de la espada y Dios, en lugar de venir a parar esto, se mantiene al margen y demasiado lejos para escuchar a sus hijos.

Ayer di con la cueva de un anacoreta que no quería hablarme. Tiempo atrás fue un caballero del rey inglés. Escupió sobre mi hospitalaria vestimenta culpándome de los desastres de la Tierra. Luego me contó sus heroicas desdichas y comprendí que Dios nos ha abandonado porque su hijo se hizo víctima para salvarnos y nosotros seguimos matándolo una y otra vez con nuestras manos manchadas de sangre. Pronto vi que era un hombre sabio y por eso le pedí que fuera mi maestro y, no sin resistencia, accedió. Hoy hablaré con el abad y dejaré de ser un hermano hospitalario para aprender de un hombre de paz, tal vez así logre recobrar todo lo que perdí.

viernes, 20 de febrero de 2015

Despedida

Imagen tomada de fotosparatwitter.com


Cuando escribí este relato no sabía muy bien cómo titularlo, ahora he optado por un simple "Despedida".
Espero que sea de vuestro agrado.


Cuando desperté esperaba estar molido por los golpes, pero no era así, me encontraba genial, sólo que no sabía dónde me encontraba.
Recordaba el accidente, uno más en mi carrera, pero no sentía dolor alguno… de hecho no sentía nada. Esperaba que algún médico apareciera en mi campo de visión, pero la realidad es que no me hallaba tumbado en ninguna cama, tampoco estaba de pie. Bueno, era difícil saberlo realmente con toda aquella luz penetrando en mis ojos y mi sentido del equilibrio totalmente desaparecido.
Tan repentinamente como desperté, mi vista se aclaró.
 ¡Me hallaba sentado en uno de los bancos al final de una iglesia! Eso sí que era extraño porque soy ateo.
En los bancos de delante había varias personas escuchando a un sacerdote, pero, por el momento, no podía entender lo que decían, así que me levanté y me acerqué a ellos.
¡Cielo santo! Una mujer anciana se levantó trabajosamente y, cuando quise ayudarla, mis manos la atravesaron. Ella no pudo verme ni tampoco mi cara de pasmo. Entonces, en medio de mi pasividad, ella se levantó y pasó a través de mí. La impresión me paralizó, pero ello no me impidió captar aquel aroma familiar… aquel perfume… Corrí para ver la cara de la anciana y… era mi madre, pero estaba muy envejecida. Entonces miré a todos los asistentes… eran mi familia y mis amigos. Mis hijos estaban muy crecidos, cuatro o cinco años mayores. Todos tenían las marcas que el tiempo les había querido otorgar y ninguno me veía. Entonces caí en la cuenta del ataúd que había frente al altar.
En aquel momento apareció la Ramona, la mujer de Javier, mi hermano mayor, que se llevó a los niños fuera de la iglesia. Tan pronto salieron, Javier y Ricardo, mi otro hermano, abrieron la tapa del ataúd. En el interior supuestamente estaba yo, pero no conseguí reconocerme. La cara, pálida y delgada, estaba bastante desfigurada por unas cicatrices que ya tenían mucho tiempo…  pero sí, parecía yo. Me acerqué más para cerciorarme y al intentar separarme ya no pude. Me había quedado ligado a aquel cadáver. Con el miedo que me daban los muertos y estaba atado a uno. Era terrorífico aunque fuera mi propio cadáver.
Cuando el pánico era más terrible cerraron la tapa dejándome dentro. Afortunadamente, la física de los muertos no es la misma que la de los vivos porque, aún con la tapa cerrada, podía ver todo lo que sucedía a mí alrededor. Contarlo todo sería muy aburrido, así que…
Después de viajar en coche fúnebre un rato, llegamos al cementerio. Allí solo quedaban mi esposa, mi madre y mi hermano Javier.
Siempre pensé que me incinerarían, creo que lo dejé dicho en mi testamento, pero el personal del cementerio estaba habilitando un nicho. Susana no podía hacerme eso, ella sabía el miedo que me daban los muertos y allí estaba rodeado de ellos.
Los enterradores sacaron unos huesos del nicho que ocuparía, seguramente eran  los últimos despojos que quedaban de mi padre. El empleado municipal, abrió mi ataúd, me los tiró encima y cerró de nuevo ¡Qué asco! En vida me había llevado muy bien con él, tenerlo por eterna compañía no me molestaba, pero pudrirnos juntos no era mi idea de amor entre padre e hijo.
Pronto estaba encajado, junto al ataúd y los cachitos sobrantes de papá, en aquel húmedo y oscuro nicho. No creo que fuera mi nariz, pero aun así percibía, con todos sus matices, el olor del cemento con el que sellaban mi último reducto. Pronto me sentí solo… muy solo.
La noche llegó al cementerio y podía ver y oír lo que ocurría fuera a pesar de mi encierro: unos gatos que roían unas astillas de los huesos de papá que habían quedado en el suelo, los gritos de un borracho más allá de las puertas del cementerio… pero no había más muertos o, tal vez, no se dejaban ver porque tenían tanto miedo como yo.
Y la noche pasó. El día llegó soleado y pronto los empleados municipales estaban allí con sus tareas de cada día. También llegaron los primeros visitantes, casi todos con flores.
Aún era temprano cuando me despertó… sí, debí quedarme traspuesto. Me despertó una letanía de rezos con la voz de mi madre. Había venido acompañada de mi hermana Elvirita, huelga decir que es la pequeña ¿verdad? En un momento determinado, madre cogió los dos jarrones del nicho y se los entregó a mi hermana para que fuera a llenarlos. Fue entonces cuando mi madre me habló.
--¡Hijo mío! Por fin se acabó tu sufrimiento.
No sé a qué sufrimiento se refería, siempre disfruté a tope de mi vida.
--…Si no hubiera sido por mí aún te habrían quemado. Ya no hubiera habido nada a lo que rezar.
¿Rezar? Con las discusiones que habíamos tenido ella y yo por aquel tema y después de muerto aún tenía que tragar con sus creencias.
--…Aquí no estarás tan solo. Tu padre te hará compañía…
Madre, es genial. Me vas a hacer llorar. Pero si puedes traerme unas “titis” en bikini aún estaría más acompañado… incluso creo que papá se olvidaría de su Alzheimer. Porque desde que he llegado no se ha dignado ni a saludarme.
Aún dijo unas cuantas cosas más, pero carecían de interés incluso para mí. Salvo lo de mi estado de coma que duró seis años.
Cuando llegó mi hermana puso flores en los jarrones y los encajó en los asideros del nicho. Antes de que me diera cuenta madre salía por la puerta del cementerio cogida al brazo de mi hermana.
Apenas había pasado veinte minutos cuando llegaron Susana y Javier acompañados de un equipo de empleados municipales y empezaron a abrir el nicho. Cuando el ataúd estaba fuera mi mujer me habló.
--¿Creías que te podía abandonar aquí? ¡Vámonos!
Y nos fuimos al crematorio donde ardí como en el infierno y mi cuerpo se hizo cenizas, pero no dolió. Sin embargo, yo seguí ligado a aquella mezcla gris claro formada por mi cuerpo, el ataúd y algún resto de papá.

Me introdujeron en una urna que se llevó, cogiéndola con mimo, Susana. Días después, en una bonita ceremonia en alta mar, Susana, mis hijos y Javier, esparcieron mis cenizas… entre todos los presentes, porque al lanzarlas al viento, este roló y me introduje, en forma de polvo, por los poros de todos mis seres queridos. Susana rio y la risa se contagió a todos. Hasta yo reí. Entonces, sin abandonar el buen humor, uno a uno, todos se lanzaron al agua vestidos y jugaron en ella liberándome de aquellas cenizas a la par que ellos mismos. Me fui con una sonrisa de alegría, pero antes de irme les di un beso a cada uno… y Susana pareció darse cuenta porque me dijo, casi en silencio:
--¡Adiós!

lunes, 25 de agosto de 2014

Lucy (cine de ciencia ficción)

Imagen extraída de la  web www.lahiguera.net


Las críticas a esta película me tenían que haber invitado a no ir a verla, pero ya me conocéis, no acostumbro a aceptar lo que dicen unos críticos profesionales así como así.
Y menos mal que no les hice caso, porque, a pesar de que no es una gran película, sí he pasado un buen rato. Y para eso se va al cine ¿No?
Pero bueno, lo de pasar un rato entretenido y una aceptable interpretación de las actores, es lo mejor que se puede decir.
La historia empieza con un buen concepto de cine de ciencia ficción filosófico: ¿qué pasaría si en lugar del 10% de nuestro cerebro pudiésemos usar el 100%? Lástima que esta idea tampoco es nueva y ya la han contestado varios neurobiólogos de prestigio: por encima del 25%, mantenido más allá de unos pocos minutos, sería imposible refrigerar el interior de nuestro cráneo. Para los que hemos padecido un examen de universidad de varias horas a pleno nivel de concentración, esto no es extraño, ya que al salir, nuestra temperatura corporal ha podido subir varios grados. En una ocasión, tras un examen de matemáticas, mi temperatura llegó a los 40 grados centígrados, medidos 15 minutos después, y solo 40 minutos más tarde, tras consumir solo un par de vasos de agua, había bajado a 36,8.
Esto bastaría para desmontar la teoría, pero, aun así, podemos dejar seguir la historia. Pero desgraciadamente hay algunos errores de bulto que solo sirven para dar espectacularidad, como las escenas en que la protagonista conduce en dirección contraria sin preocuparse por los daños que va causando a diestro y siniestro. Sinceramente, me niego a creer que una persona que alcanza la supuesta sabiduría, tenga tan baja empatía, por una única razón: el razonamiento del instinto de especie. Sobre todo porque, por lo visto hasta ese momento, ya podemos suponer que es capaz de levantar el vehículo por el aire y llegar volando… recurso que, a pesar de haber probado que es posible, no usa jamás para simplificar nada.
En general, eso de las complicaciones innecesarias, es un absurdo constante a lo largo de toda la película, aunque hay que reconocer que se hace en pos de hacer más espectacular y trepidante al film, por lo que hasta algunos minutos después de acabado este, no te das cuenta de ello.
Lo que si decepciona, y mucho, es el final, previsible, simplón y sin la espectacularidad que hacía esperar el resto de la cinta. Ese final, además, a pesar de las esperanzas filosóficas generadas al principio, tampoco se resuelve correctamente en ese ámbito.
No voy a seguir dando notas sobre ese final porque no quiero hacer de mi crítica un spoiler. Sobre todo porque, si no hay nada mejor que ver, la peli tampoco está tan mal.

Yo le daría un 5 raspado sobre 10.

sábado, 25 de enero de 2014

Padre Francisco

Imagen extraída de www.thedailysheeple.com



El padre Francisco creía haber visto todo lo que se puede ver tras presenciar, en su tierna juventud, por dos veces, en el horizonte, la horrible forma de la seta nuclear. La primera vez, en su misión cercana a Hirosima, desconocía la naturaleza de aquel fenómeno. El horrendo aspecto de las heridas causadas por la radiación en la población civil era algo difícil de asimilar. Vivir aquella supurante herida en el territorio y el pueblo de Japón fue algo que lo marcó como muy pocas cosas en este mundo pueden hacer.
La misión del padre Francisco fue evacuada, junto a cientos de damnificados, a la ciudad de Nagasaky. Pero, pocas horas después de llegar, el horror, en forma de hongo, se grabó de nuevo en sus pupilas. Japón no había tenido tiempo ni de plantearse la rendición cuando, su población civil, fue nuevamente sometida al genocidio indiscriminado de las armas de extinción masiva. Los días que siguieron a esos sucesos quedaron marcados, con el fuego de la fisión nuclear, en su cerebro.
Hoy, el padre Francisco debería cumplir noventa años y hace seis que Juan Pablo II le ordenó que se retirara, pero él sentía que el mundo le necesitaba. Él era consciente de que sus posturas eran muy incomodas… diríase más, comprometidas para Roma. Pero era un luchador y siempre decía que si Dios le había permitido vivir el horror de Japón, era para que supiera que debía proteger a los inocentes más allá de que, lo que había crecido sobre la piedra, le ordenara. Llegó a perder el apoyo del Vaticano, pero siempre supo hallar la forma de financiar su obra. Sabía que nadie de la curia romana, cuando el muriera, lucharía por su santificación, pero era humilde y fiel a sus ideales. El siempre decía:
“Poco importa lo que digan los hombres porque de sus hechos y palabras aflora el mal a cada momento, lo que importa es lo que piense Dios. Él no nos muestra sus deseos, nos da el libre albedrío, pero conoce como nadie nuestro corazón. Sólo al final sabré si he cumplido sus deseos, pero, mientras tanto, haré lo que crea mejor sin dejarme influenciar por nadie y rezaré para no equivocarme”.
El padre Francisco terminaba por ser respetado, en ocasiones incluso querido, allá donde fuera. En Vietnam salvó un poblado primero del vietcom y luego de los americanos. Muchos pensaron que aquel cura había pactado con el diablo. Finalmente tuvo que abandonar el sudeste asiático gravemente herido, al intentar proteger un convoy de refugiados cuando Estados Unidos ya iniciaba la retirada. No fue la única vez que fue herido, también recibió una bala en el estómago cuando un francotirador le acertó cuando ayudaba a reunir  a una familia separada por la guerra de Chipre.
La iglesia no veía al sacerdote, pero Kurt Waldheim llegó a nombrarle en una asamblea de las Naciones Unidas, cuando hablando de la guerra del Líbano, nombró a ese hombre con sotana al que aún respetan los francotiradores y que pasa del Beirut cristiano al sirio, ayudando a unos y otros.
El padre Francisco dejó trozos de sí por todo el mundo: Asia, África, América… Incluso, en una ocasión, llegó hasta la Tierra de Fuego para mediar entre chilenos y argentinos al borde de una guerra.
Nadie conoce el apellido del padre Francisco, muchos no recuerdan las facciones de su cara maltratadas por el paso de los años, pero son muchos, millones diría, que recuerdan sus hechos. Un hombre que ha vivido la vida, con tristezas y alegrías, con lágrimas y sonrisas, con todo y con nada, pero siempre luchando por la vida.
Igsahi podía haber sido un niño como los demás si hubiera nacido en el sitio adecuado, pero nació en el momento y lugar equivocados. Mañana será un niño soldado, hoy, con nueve años, le han dado un fusil y le han dicho que mate a alguien respetado, que solo así ganará el respeto de ser hombre y de ser soldado. Igsahi ha disparado al padre Francisco a bocajarro en el vientre.
El padre Francisco creía que ya lo había visto todo y ahora se debate entre la vida y la muerte en una tienda de campaña que la misión tiene como quirófano en las selvas del Zaire. Los médicos llevan dos horas con él, pero es demasiado mayor para soportarlo. Yo he visto como en los últimos años ha ido perdiendo sus energías, pero nunca ha perdido ni sus esperanzas ni su amor.  Fue un duro golpe para él cuando, casi en su lecho de muerte, el papa Juan Pablo II  lo excomulgó por ayudar a abortar a una niña que de otro modo hubiera muerto.
Igsahi llora en mi hombro, no quiere que el padre Francisco muera, ya no quiere ser soldado. En su cara lleva la sangre del padre y en su cabecita el recuerdo de cómo con una caricia este le perdonó. Yo aguanto las lágrimas, tampoco quiero que muera, pero eso es cosa de Dios, tanto como el hecho de que yo le quiera con casi treinta años menos que él.

Se abre la puerta de la tienda quirófano y el médico me ilumina con su sonrisa. Hoy el padre Francisco cumple noventa años.


Este relato fue escrito en 1997, pero fue en 2006 cuando, para su publicación en "TusRelatos.com" fue adaptado a la forma actual, por eso, tal vez, las fechas bailen un poco. Por eso se recomienda pensar que se está leyendo en una fecha a finales del siglo XX o inicios del XXI.
El relato es una mezcla de dos historias verdaderas, tal vez reconocibles, y un poquito de la fantasía del autor.

martes, 15 de octubre de 2013

El mensaje oculto de Asimov



Isaac Asimov inventó las tres leyes de la robótica que luego han servido a  otros escritores de Ciencia Ficción, pero que muchos científicos, además, han coincidido en decir que, el día que seamos capaces de crear robots tan avanzados como los que el maestro usaba en sus obras, sin duda tendríamos que pensar en introducir esas tres leyes u otras similares.
Pero Asimov, en sus últimas obras, fue mucho más allá, cuando sus dos robots protagonistas, Giskart y R Daneel Olivaw, inventaron la ley cero de la robótica. Una ley que antepone la humanidad en general, como un único ente, a la integridad de una sola persona o grupo de ellas. La ley cero implicaba un nivel de conciencia superior y un acercamiento al comportamiento de los dioses.
Giskart, con el tiempo, ha adquirido aptitudes telepáticas e incluso es capaz de sentir las emociones, lo que le da ese nivel de conciencia superior. En base a esto, un buen día comprende que el ser humano no puede quedarse a vivir siempre en el planeta Tierra  debe conquistar el Universo para crecer. Así que, en base a esa ley cero, crea un proceso que aumenta progresivamente la radiactividad del planeta, obligando a los seres humanos a ir abandonando, poco a poco su planeta originario.
Giskart, con la inestimable ayuda de su amigo R Daneel Olivaw, cumplen con la ley cero, sin embargo, el nivel superior de Giskart le ayuda a entender su violación de la primera ley, aquella que le impide dañar a los humanos. Giskart a podido capatar el sufrimiento por tener que abandonar el Planeta Azul de muchos individuos. Esa conciencia de haber violado la primera ley le inutiliza y le mata en una agonía con la que transfiere a R Daneel Olivaw todos sus conocimientos.
Es así como Asimov, en “Fundación y Tierra”, termina de unir sus dos grandes sagas, la de la Fundación y la de los Robots. Pero hay un mensaje nada oculto de quien ningún futuro posible dejó sin imaginar.
Imaginemos el juramento hipocrático que supuestamente hacen todos los médicos. Y digo supuestamente porque en la actualidad son muchos los que han supeditado su juramento y su carrera a las necesidades económicas de aseguradoras médicas, mutuas patronales y demás monstruos comedores de seres humanos.
Pues bien, que pasaría si un grupo de médicos comprendiera que en sus manos está el llevar ese juramento hipocrático un grado más allá y decidieran curar la enfermedad y el sufrimiento de la humanidad antes que el de solo individuos. Bien pudiera ser que esos médicos prescribieran venenos de muerte placentera a toda clase de psicópatas políticos y financieros de los que ahora controlan el mundo fabricando guerras, robando hogares y llevando a la sociedad al canibalismo y la aniquilación de los menos afortunados.
Puede que tras los dos robots de sabiduría infinita que nos legó Asimov, también exista una guía que nos lleve a considerar leyes superiores a las que ahora nos controlan y que recen, como la ley cero, que la humanidad se ha de preservar por encima de algunos individuos.


Imagen extraída de http://horafalsa.blogspot.com

sábado, 5 de octubre de 2013

Rezo sin dios en una cuneta.


Fotografía tomada del blog http://sonandolarevolucion.wordpress.com y que sirve para recuperar un relato esencial y con fundamento en base a las noticias que corren de nuevo.



Rezo sin Dios en una cuneta.

Ramiro trabajaba reparando carreteras para la Generalitat de Catalunya en tiempos de la Segunda República. Periódicamente, y desde mucho tiempo antes de la misma República, en las cunetas aparecían cadáveres acribillados a balazos por los pistoleros, primero de los patronos y, luego, de los falangistas. También, de tanto en tanto, aparecía degollado uno de aquellos pistoleros. Poco importaban las creencias de aquellas personas en vida, una vez traspasado el umbral del ser o no ser, todos resultaban iguales, sólo cambiaba el modo de morir y el cadáver que dejaban. Pero Ramiro, para su desgracia, había aprendido a diferenciarlos por otros detalles como la ropa. Mientras los que morían a balazos solían llevar ropas de humilde trabajador y las manos llenas de callos, los que morían degollados acostumbraban a llevar trajes hechos a medida y sus manos delataban que su único oficio era apretar el gatillo; eran sicarios, asesinos a sueldo que, dada la gran diferencia de tanteos, se les debía reconocer una gran eficacia.
Ramiro era un hombre pacífico y sensible al que la aparición de tanta víctima le había convertido en un manojo de nervios alterando toda su fisiología. Por eso, desde la victoria de las derechas en 1933, en el llamado bienio negro, sus achaques se habían multiplicado con el aumento de cadáveres en las cunetas. Pero fue a partir de la victoria del Frente Popular cuando realmente se sintió morir. Los ajustes de cuentas, por parte de los falangistas, se habían vuelto multitudinarios y casi diarios. Siempre, eso sí, bajo el telón de la noche, pero poco importaba pues siempre agriaban su desayuno cuando, al alba, él empezaba a trabajar y los encontraba. Sus manos ya no paraban de temblar en todo el día, parecían dos flanes en un tren. Tampoco lograba conciliar el sueño por las noches, ni comer poco más de unos bocados. En pocos meses pasó de su aspecto robusto al de un sombrío esqueleto andante que se asomaba más a la tumba que a la vida.
Un buen día, a principios de julio, llamaron a la puerta, dos hombres trajeados le reclamaban. Tan pronto se asomó al umbral lo agarraron y lo arrastraron al interior de un coche. Era pleno día y todo el vecindario fue testigo, pero aunque hubiese sido de madrugada lo habrían visto ya que, los coches y su sonido, no eran una cosa habitual en el barrio por aquel entonces. De cualquier forma, tampoco hubieran podido hacer nada por él. Dentro del vehículo, donde lo esperaban el conductor y otro hombre trajeado, lo terminaron de ablandar con algunos golpes. Aparcaron detrás de la iglesia y lo metieron en la casa parroquial.
--¿Es este, padre?
--Nunca vino a misa y su mujer reconoció que es un descreído de la fe verdadera.
Varios golpes, unas cuerdas, una mordaza y un estado de inconsciencia después, lo llevaron a despertarse en el cajón de un camión en marcha y acompañado por otros cinco desgraciados en sus mismas circunstancias. Por detrás, entre las lonas del camión, se vislumbraba un coche sin luces circulando, con ellos, por una carretera solitaria. No tardaron en parar y hacerles bajar. Ahora el coche si encendió las luces para iluminar a las seis futuras víctimas de aquella fatídica cuneta.
Ramiro no creía en Dios, nunca le había dado muestras de su existencia y, en aquel momento, menos que ningún otro. Sin embargo, sus captores y futuros verdugos les “invitaron” a que rezaran su última oración y Ramiro rezó con la fe que nunca tuvo.

Dios que no existes, que no estás en ninguna parte y por tanto no eres culpable de la maldad humana, yo te perdono.
Huérfanos de concepción y hasta de conceptos están los que se llaman tus hijos; tanto que sólo han aprendido a odiar y a despreciar a los que no piensan como ellos. Ellos me van a matar porque no les gusta mi verdad y el hombre que se llama santo y responde de ti en la Tierra, ha puesto en mí su dedo acusador y, cual Judas traidor, me ha encaminado a esta muerte injusta.
A ti, Dios inexistente, como buen ateo, te pido me des la libertad y la venganza para salvar a mis hijos y a los hijos de mis hijos.
Sólo una cosa mala he hecho en mi vida y ha sido no dejarme llevar por la ira. Pero si ahora, Dios de la mentira, me perdonas, juro por la vida que estoy a punto de perder, que nunca más perdonaré al creyente cruel.
Amen.

Los pistoleros terminaban de revisar sus armas y se acercaban al primero de la fila cuando, primero ruidos de pasos en la oscuridad y luego gritos, cambiaron todo el panorama. Minutos después, seis pistoleros yacían en la cuneta con una sanguinolenta sonrisa de oreja a oreja por debajo de sus barbillas.
Ramiro se llevó el coche y lo abandonó a la puerta de la casa parroquial en una declaración de guerra… ahora el padre “sabandija” ya estaba sobre aviso.
Poco más de una semana después, se produjo el alzamiento nacional. Tras unas semanas de tanteos entre las sociedades civil y militar, se establecieron las zonas de influencia gubernamentales o rebeldes. Fueron días de gran incertidumbre durante los que allí se detuvieron a cuantos sublevacionistas se pudo y, tras juicios marciales y rápidos, condenados, en su mayoría, a muerte. Pero de los pistoleros nunca más se supo. Unos huyeron, otros, lejos de su “domicilio laboral”, cambiaron de uniforme y se transformaron en sicarios de otros amos. Poco les importaba si ahora mataban para los comunistas, los anarquistas o los “judaístas”, lo importante era seguir matando con total impunidad.
Sobre el mes de noviembre, innumerables cargos de traición seguían siendo presentados en los diferentes tribunales que se habían establecido en la España republicana, pero, a pesar de las acciones descontroladas de algunos corpúsculos de milicianos, todo volvía a estar bajo control. Fueron aquellos los días en que se acusó de traición a innumerable cantidad de párrocos. La mayoría de las veces no era más que revanchismo barato, pero no en el caso del padre “sabandija”. Ramiro consiguió formar parte del grupo de policías populares que debía proceder a su detención. Llevarlo ante los tribunales era un placer que no quería perderse. Sin embargo, las cosas no sucedieron como cabía esperar. Cuando los altaneros policías se acercaron a la iglesia una cortina de balas procedente de la torre del campanario les detuvo. Alguno fue herido, pero una niña de nueve años, que jugaba en los alrededores, murió de un certero tiro en la cabeza. Cuando Ramiro vio caer a la inocente víctima la rabia le invadió como nunca había hecho y gritó con la fuerza furibunda de una estampida de búfalos. En el grito… en la furia… Ramiro salió de su escondite y corrió, fuera de sí, hacia el edificio sagrado. Las puertas interiores estaban cerradas, pero dos disparos rápidos de su revolver las convirtieron en un obstáculo muy breve. Su garganta prosiguió en el esforzado e interminable grito mientras subía las escaleras. Sólo dejó de gritar para sacar las imposibles fuerzas que necesito para reventar la trampilla bloqueada que daba acceso al campanario. Allí, veloz como la más veloz de las venganzas divinas, descerrajo, en la cara del padre “sabandija”, los tres tiros que le quedaban en el tambor.
Hecho esto, Ramiro cayó sentado contra la pared. Estaba agotado, pero su cansancio era más psíquico que físico. Había vencido, pero seguía sin encontrar la paz. Aquella noche lloraría por toda una vida de sufrimientos, los pasados y los futuros. Demasiado tiempo y demasiada violencia.
Cuando sus compañeros llegaron hasta el cuerpo del cura, este aún sufría convulsiones, pero se le podía dar por muerto. La sorpresa llegó cuando registraron la iglesia y apareció un inmenso arsenal con escopetas, pistolas, balas e, incluso, bombas de mano. Nunca se demostró cual era el fin de aquel arsenal ni su origen, pero no era muy difícil imaginarlo.
Ramiro, por su edad, no formó parte de las milicias en el frente, sin embargo, intervino en la exigua protección de los refugiados que atravesaban la frontera hacia Francia. Allí fue herido y pasó al país galo desde donde recibió la noticia del fin de la contienda, lejos de su familia. Tardó mucho en saber de ellos y cuando recibió noticias, en forma de una carta que le hizo llegar la cruz roja al campo de refugiados, supo que no podía volver a España.
Tras la guerra civil llegó la guerra mundial y allí trabajo de informador para la resistencia en la Francia Libre. Su pista se pierde unos años hasta que establece su residencia en Bayonne a finales de los cuarenta. En esas fechas se le detectó formando parte de una célula de maquis, que operaba en Navarra y el País Vasco, porque intentó ponerse en contacto con su familia. Por culpa de aquello casi fue detenido y su mujer (antes católica practicante y creyente y ahora católica por obligación) fue humillada por las brujas de la sección femenina que la abofetearon en público, la afeitaron al cero y le hicieron beber aceite de ricino. Sólo la intervención del nuevo párroco, muy diferente de aquel padre “sabandija”, pudo evitar en las personas de María y sus hijos, cosas peores. El padre Damián era una buena persona que ayudaba con comida a su familia, “ojalá lo hubiera conocido Ramiro” se decía siempre María.
Después de aquello, marido y mujer, comprendieron que, uno para el otro, debían estar muertos ya que su afán por estar juntos sólo podía traerles desgracias.
La mujer lo comprendió cuando le trajeron la vieja cartera de Ramiro con una foto de una bellísima María antes de la guerra. La llevaba encima un maqui muerto, según le dijeron, pero nunca vio aquel cadáver. Otras y desconocidas eran las razones por las que María sabía que su marido seguía vivo, pero aceptó aquel ofrecimiento para legalizar su viudedad intuyendo, sin equivocarse, que aquella era la voluntad de Ramiro. Gracias a su nuevo estado civil pudo mantener alejados de su vida y de la de sus hijos, a muchos buitres indeseables.
A finales de los años cincuenta, el fenómeno maqui estaba casi totalmente erradicado. Ramiro tenía una vida sosegada y disfrutaba de la nacionalidad francesa, estaba nuevamente casado y tenía otro hijo. La nueva vida incluía un buen trabajo, una buena casa y una vida acomodada que en nada se parecía a la de su vieja España. Sin embargo, sus ojos aún se llenaban de lágrimas cuando recordaba. Pero siempre terminaba por decirse que “la vida sigue” y, apretando bien fuerte los dientes, entregaba lo mejor de sí mismo.
Un buen día, cuando creía muy lejano su pasado ligado a las armas, le vino a visitar Aitor, hermano de aquel maqui muerto al que él le dejó su cartera. Recordaron viejos tiempos bebiendo xacolí en el porche, pero cuando Marie, su nueva esposa, atravesó el umbral para hacer la cena, Aitor descubrió sus cartas.
--Ramiro, vengo a recordarte que me debes una.
--Ya sabes que siempre puedes contar conmigo para lo que necesites.
--No se trata de eso.
--¿Entonces?
Aitor se tomó su tiempo mirando el vaso a la par que le daba vueltas entre sus nerviosos dedos. Ramiro se sintió alarmado ante la gravedad de aquella pausa.
--Vamos a volver.
Ramiro no sabía si reírse, pero los ojos de Aitor le decían que no hablaba en broma. Optó por callar y escuchar.
--Sé que piensas que el “maquis” está acabado y tienes razón. Pero ahora no vamos a hacer guerrillas, vamos a atentar en plena ciudad contra cargos franquistas y luego desaparecer como fantasmas. Tenemos los medios y el dinero.
--¿Quieres decir cometer asesinatos?
--¿Crees que cuando eras un guerrillero maqui era diferente?
--¡Claro! Estábamos en guerra…
--La guerra hace tiempo que acabó y la perdimos –cortó Aitor sin compasión--.
--Pero nunca matamos a sangre fría.
--¿No?
--Casi nunca.
--Mi sangre sigue muy caliente. Pero la tuya parece que se ha vuelto de hielo.
--¿Has venido a insultarme en mi casa?
--He venido a recordarte que me debes una.
--Te la debo a ti, no a tus creencias.
--¿No eras ateo? –Se burló--.
--Soy creyente en mi “no Dios” y que un día escuchó mis plegarias. El Dios de los ateos.
--Te espero…
--Pues espérame sentado. A ti y a tu familia os debo una y siempre me tendréis cuando sea necesario. Más allá de una, dos y cienmil. Pero no pisotearé mis principios.
--Tú te lo pierdes… --dijo con ira--.
Y Aitor se marchó a la francesa. Cuando Marie salió preguntó por él a su marido y este le contestó que se lo había llevado el viento.
Aitor formó parte del que fue el embrión de ETA, pero murió, abatido por la policía, mucho antes de que aquello tuviera otro significado. Aquellos primeros terroristas sólo apuntaban sus armas contra probados miembros de la estructura del régimen fascista, nunca cometían el “error” de generar víctimas colaterales, pero para ello se tenían que exponer en exceso y dentro de un estado policial, como el franquista, tenían la guerra perdida. Después vinieron otros a los que nada les importó más allá de su culo y las víctimas inocentes se mezclaron con los objetivos, pero hoy ya nadie se acuerda de la niña que murió en el atentado a Carrero Blanco.
Ramiro tampoco volvió nunca a pisar España. En 1972 se lo llevó un derrame cerebral y sus restos mortales fueron incinerados y llevados, como era su deseo, hasta el Mediterráneo, frente a su añorada ciudad de Barcelona.

¿Por qué sale a la luz ahora esta historia escondida?
Porque el padre “sabandija”, en los últimos días, ha iniciado, junto a otros muchos católicos muertos en la guerra civil, su camino hacia la santidad. La Conferencia Episcopal Española ha decido otorgarle la luz a su memoria por las “grandísimas” obras que llevó a cabo en vida y por su muerte como mártir de la fe.
Creo que me gusta más el “no Dios” de Ramiro, que otorga la vida, antes que ese Dios romano que santifica la muerte.
Ramiro perdió su atea santidad rezando al “no Dios” en una cuneta. El padre “sabandija” la ganó, desde el tejado de su iglesia, matando a una pobre niña.

lunes, 16 de septiembre de 2013

El fin del mundo









Generalmente las reuniones de la junta directiva se hacían con las puertas del recinto de secretarias abierto, e incluían a los directores de departamentos afectados por los temas a tratar, pero en esta ocasión no era así. Tan pronto llegó el último de los doce consejeros, la puerta de doble ala de la sala de reuniones corporativa se cerró por primara vez en los cincuenta años de historia de la empresa. De lo que allí sucedió no existe hoy ninguna constancia escrita, ni testigos, ni nada absolutamente que demuestre el grado de delito de cada uno de aquellos nuevos doce hombres sin piedad, pero las consecuencias las estamos sufriendo todos hoy en nuestras carnes.
Todo empezó unos pocos años antes cuando algunas grandes empresas no pudieron frente a las acciones del sindicalismo, boicots encubiertos de consumidores y diferentes tipos de respuestas a las políticas neoliberales emprendidas por las grandes empresas tras la crisis del petróleo. Lo que ellos consideraron la gota que colmó el vaso, el resorte que les llevó a dar una nueva vuelta de tuerca contra la humanidad, fue la quiebra de Pan-Am, una de sus empresas insignia. Sin embargo, no fue hasta la caída del muro de Berlín, que sus ambiciones pudieron moverse libremente para exprimir al Mundo, ya sin una alternativa política que pudiera poner en entredicho sus acciones. El problema, sin embargo, eran ellos mismos, dado que ninguno era capaz de ver a las masas humanas que les separaban de su riqueza y su gloria, como entes abstractos incapaces de sufrir.
En aquella reunión, como en otras muchas de decenas de grandes empresas destinadas a dominar la economía mundial, se decidió contratar a auténticos psicópatas que pudieran ejecutar los planes que ellos mismos habían elaborado. Desde entonces, casi todos los ejecutivos de recursos humanos de grandes empresas mundiales pasaron a ser sociópatas destinados a masacrar la humanidad. Pero como seres sin empatía y llenos de ambición, este poder siempre les pareció pequeño, por ello, una vez controladas las masas obreras, no se quedaron ahí y decidieron robarles los derechos que tanta sangre, sudor y lágrimas habían costado; para luego apuntar al interior de las propias empresas y empezar a desbancar a los ejecutivos que les contrataron. Su nuevo objetivo: dominar y corromper los mercados para hacer sucumbir a las propias naciones.
Y mientras las naciones se arrodillan ante el poder de las grandes empresas, por la fuerza de los mercados, los nuevos amos del Mundo ya preparan una guerra sin cuartel, empresa contra empresa, hasta que solo uno de ellos gobierne en Mordor.

Imagen extraída de la web de www.euroinnova.es

domingo, 14 de julio de 2013

Superman: el hombre de acero


Como la gran mayoría de los varones de mi época era forofo a los comics. Por aquel entonces el rey era ya Mortadelo y Filemón, sin embargo ya calaba Marvel y empezaban a llegar, a través de Nóvaro, algunos de los superhéroes de DC Comics. Rápidamente Supermán capturó la atención de la mayoría de jóvenes de la época y recuerdo que mi gran tesoro era un álbum doble denominado “El origen de Superman”. Lo conservé con enorme mimo, pero al volver del servicio militar había desaparecido. Dado el cariño que profesaba a aquel comic fue algo que me entristeció bastante, pero aún tengo gravadas en mi mente cada una de sus viñetas.
Algo que me ayudó mucho a conservar aquella imagen fue la película de 1978 (1979 en España) “Superman” con Chistopher Reeve, entonces un desconocido, como protagonista. La película, con lo mejor de los efectos especiales de la época, era realmente fiel al comic, pero lo verdaderamente impactante fue la banda sonora de John Williams. Recuerdo como a la salida del recientemente desaparecido cine Urgell tenía la extraña sensación de que podía volar, pero lo más increíble de todo es que la parte más importante de su banda sonora se me había grabado en la memoria. Hasta los títulos se habían convertido en algo llamativo y fascinante.
Con aquella presentación, el actor protagonista, Reeve, pasó a ser muy famoso, pero él mismo se dio cuenta muy pronto que podía quedar encasillado como supermán para siempre. Su extremo parecido con el dibujo de los años 70 (que había eliminado la exagerada barbilla de décadas anteriores) y sobre todo el ricito característico de su frente, no le ayudo como actor drámatico, pero puso un sello imposible de quitar a lo que significa la imagen cinematográfica de Superman.
Dos décadas después, con una idea de lo que es el cine muy diferente, apareció “Superman Returns” en 2006. La idea no estaba mal del todo y, hasta cierto punto no se salía de la idea original del comic. Es más, tenía unos soberbios efectos especiales que, además, no eran todo lo cargantes que acostumbran a ser en el cine actual, pero fracasó. Fracasó porque perdía las ideas más importantes que tenían los Superman originales: la luz y el optimismo. “Superman Returns” era una película demasiado oscura y con ello perdía la esencia del personaje.
Bien, pues con los antecedentes que ya he contado y muy poca convicción en lo que iba a ver, ayer fui a ver “El hombre de acero”. Y, como suele ocurrir cuando piensas que algo va ser muy malo, me sorprendí en sentido contrario. “El hombre de acero” es una película distraída, incluso puedo decir que es buena, pero perdónenme si les digo que no es “Superman”. No solo porque han mezclado el relato de Superman y Superman II, pero cambiándolo todo, sino, sobre todo, porque han remasterizado aquel alegre traje de azul y rojo hortera, por una tela de alta tecnología alienígena que recuerda más a al negro de Batman que al original de este superhéroe. A alguien se le ocurrió decir que buscaban un súperman más veraz… ¿Verdad que hace risa eso de hacer veraz a un superhéroe alienígena? Lo cierto es que la falta de fidelidad al comic no es agradable para los fans ni para los frikys del personaje.
En el sentido positivo decir que en muchas tomas el actor Henry Cavill intenta parecerse al Superman de Reeve, pero sin la mandíbula cuadrada del primero. Las escenas de Krypton son realmente buenas, con una gran actuación de Russell Crown, a pesar de lo poco convincente del rol que se le atribuye; aunque el mejor, sin duda, es el malo, Michael Shanon, el general Zod.
Las dos cosas que más se echan en falta de esta película, a pesar de lo ya contado, son la maldad humana encarnada en la astucia Lex Luthor. Aquí los alienígenas van de demasiado sobrados y da para unos efectos especiales fascinantes (el primer cuarto de hora, después ya producen jaqueca) pero le quitan retorcimiento y gracia al guión.  La segunda es la música. Porque no dudo que Hans Zimmer le dé un carácter muy épico a la película con su banda sonora. De hecho, de tan épico, llegué a pensar que estaba viendo un film sobre el desembarco de Normandía en lugar de una película de superhéroes de comic. Sin ninguna fanfarria pegadiza que pueda definir al personaje esta película, como otras, está sentenciada a pasar al olvido.
Finalmente hay cosas, frases, que no se pueden aceptar en un film que aspira a algo más que recuperar lo invertido con la recaudación en taquilla. Frases como “está hecho de elemento que no está en la tabla periódica” o “me siento tan americano como el que más”, sin duda pasarán a formar parte de las burlas cinematográficas, como el “Me llamo Murphy” de Robocop o el “no me siento las piernas” de Rambo.
Una pena, porque han tenido los medios y la oportunidad, pero “El hombre de acero”, aunque sea una aceptable película, no podrá pasar a la historia del cine por méritos propios. Es el riesgo que corren todos los remakes.



lunes, 31 de diciembre de 2012

Hola, soy follower y estoy cagando

Imagen extraída de la web http://www.news.cnet.com  

Para celebrar el fin de año os regalo el capítulo 20 del libro que estoy escribiendo y que espero tener en disposición de ser publicable a finales del año entrante.





Capítulo 20: Hola, soy twittero y estoy cagando.

Primero fue Internet, luego los teléfonos móviles. Hoy, aunando ambos “progresos”, se imponen las Redes Sociales. En poco tiempo,al Universo de los informáticos, los programadores, los diseñadores web, los especialistas en ventas electrónicas, los especialistas en redes y los de la seguridad informática, se ha unido una nueva titulación conocida como CM (Community Management).
En teoría un CM debe procurar por el desarrollo y la imagen de una marca en las redes sociales. En la práctica es un publicista que actúa directamente sobre los usuarios desde las redes para vender esa marca.
Pero las redes sociales han inventado toda otra serie de individuos que no son tan del gusto de las marcas y que por eso, fuera de este texto, no encontrarás casi información de ellos en otros textos especializados.
En los foros, web’s y primeros intentos de redes sociales, se hizo famosa la imagen del “troll”, como personalidad “non grata” que se dedicaba a provocar a todos los habituales del entorno y logrando que manifestaran su peor imagen. Y digo “personalidad” y no “persona” porque en muchas ocasiones el troll era un individuo respetado en el grupo, pero que aparecía con un nuevo “Nick” que le confería el anonimato suficiente como para provocar a todos los demás y evidenciar así sus verdaderas carencias. Como decía un amigo mío, “jamás conoces la verdadera personalidad de un conocido en la red hasta que un troll libera su verdadera personalidad”.
En las actuales Redes Sociales, si bien existen encontronazos con personas o personalidades diversas (inevitable en toda actividad humana), los trolls tienen muy poca vida. Sí, es cierto que existen algunos casos bien conocidos de acoso en las Redes, pero esta vez tienen un final rápido y que puede ser en los juzgados. El troll, como herramienta, no tiene futuro en lugares como Facebook o Twitter (las dos grandes Redes Sociales por excelencia).
De todas formas, aunque no exista propiamente el troll, sí que existe un ser igualmente temido por los CM y que es el “enemigo de marca”. El enemigo de marca es aquel que se empeña en criticar una marca determinada de una forma muy agresiva y empañando las campañas lanzadas por el CM. En muchos casos este enemigo de marca se comportará como un verdadero acosador con el CM. Lidiar con uno de estos individuos es una de las tareas más difíciles con las que puede encontrarse un CM y, por lo general, deberá actuar manteniendo la calma y siguiendo uno o varios procesos establecidos y que no comentaremos aquí. Lo que sí intentaremos definir es la persona real que puede haber detrás de este tipo específico de Troll.
El enemigo de marca puede ser de cuatro tipos diferentes:
-Valorador: Se trata de otro miembro de la marca, aunque el CM generalmente no lo sabe, que sirve o para valorar las capacidades del CM o para permitirle desplegar todos los medios que dan valor a esa marca. De hecho un comportamiento brillante del CM en esta confrontación puede aumentar el valor de esa marca. Desde el exterior es posible reconocer a este tipo de “enemigo de marca” (aquí las comillas parecen muy necesarias) porque los ataques a la marca acostumbran a ser menos virulentos que las embestidas personales contra el CM.
-Confrontador: En este caso se trata de alguien pagado por otra marca rival o un fanático de esa otra marca. Como ya se puede suponer este individuo aprovecha todas las oportunidades posibles para hacer comparaciones a favor de la otra marca. No puedo evitar comparar a estos individuos con fanáticos religiosos… o de Apple.
-Indignado: Esencialmente es un antiguo usuario de la marca que se siente traicionado por ella. Las razones pueden ser muy amplias, pero descubrirlas y neutralizarlas es lo que se pide al CM.
-Gamberro: Este es el más parecido a los antiguos troll porque solo tiene una finalidad que nada tienen que ver con la marca. Solo desea obtener notoriedad, pero para ello utilizará todos los medios a su alcance y para ello intentará sacar de sus casillas al CM y no dudará en aliarse con cualquier fuente de quejas que aparezcan en el entorno. Lidiar con estos individuos es lo que da verdadero valor al CM porque frente a ellos no existe nada a ganar y sí mucho que perder. La anulación de estos enemigos de marca hace necesario el uso de técnicas especiales y dan idea de la experiencia que tiene un CM.
Pero no todos los entes que circulan por las redes sociales son tan negativos como los trolls o los enemigos de marca… bueno, seguro que los hay peores, pero estaríamos entrando en el campo de los ciberdelincuentes y por ahora no entraremos en ese campo. Lo que quiero decir es que también existen roles muy positivos en la red como los “Echo”, “los creadores de contenidos” y “los generadores de opinión”. Sin al menos 2 de estos tipos de monstruos de la red nunca hubiésemos conocido fenómenos como Justin Bieber, el Koala, el Gangnam Style o los vídeos de gatitos… amén de movimientos sociales como el 15M, o la mejora en el desarrollo de organizaciones humanitarias como Amnistía Internacional y redes de recogidas de firmas como Change.org o Avaaz, para fines sociales.
Por si todo esto no fuese suficiente, en las Redes Sociales existen CM que no saben que lo son. Personas dedicadas a trabajar por la marca, no de productos comerciales, sino de organizaciones humanitarias, ONG’s o grupos de lucha o reconquista social. Algunos obran maravillas en la red, a tiempo parcial y para muchas de estas organizaciones. Estos son los que denominaremos Community Management Freelancers (CMf). Ellos eligen qué marcas y durante cuánto tiempo, representan en la red… además lo hacen sin recibir nada a cambio. Pero estos personajes pueden, además, ocupar otros necesarios roles en la red.
Un CMf puede ser también un Echo. El Echo, esencialmente, hace que la información circule. Por lo general el Echo está integrado en varias Redes Sociales a un tiempo y hace que una información trascendente que le llega por una de ellas aparezca en todas las demás o simplemente que sea reenviada a sus contactos en la misma red. Herramientas como el retwitt (RT) en Twitter (TW) o el “Compartir” en Facebook, son muy importantes, pero también pueden pasar de una red a otra, e incluso pasar a Google+, Blogger, WordPress, Tuenti… Además puede tratarse de un vídeo llegado desde YouTube, Vimeo, Bambuser… o una foto de Flickr, etcétera. El número de seguidores que tenga en el conjunto de las diferentes redes sociales, en miles, es la denominación de Echo. Por ejemplo un Echo que tenga 900 seguidores en Facebook y 500 en Twitter, tendría la denominación de Echo 1,4.
Ni que decir tiene que los mejores Echos son los famosos, por eso se suelen hacer peticiones a estos (por lo menos en twitter) para que reenvíen una información que se considera esencial. Por desgracia los famosos con gran nivel de penetración en la red, no son muy fiables dado que tienen contratados a CM que llevan sus perfiles profesionales y que son muy celosos de su marca. Así que será muy raro encontrar Echo con niveles superiores a 3.
El siguiente monstruo de la red es “el creador de contenidos”. Estos son los que mantienen vivas las Redes Sociales porque están creando continuamente trabajos que aportan valor a la información circulante. Los contenidos pueden ser de muchos y variados tipos. Chistes, fotos, vídeos, música, relatos, artículos, noticias, bromas… la mayoría pertenecen a web’s famosas o agencias de noticias o publicidad, pero también existen auténticos baluartes en esto de generar materiales útiles para compartir. De todas formas, con más o menos asiduidad, todos los usuarios de las redes, en algún momento, han introducido algún material nuevo a las mismas: una foto, una información exclusiva, una idea ingeniosa, un chiste… Desde un punto de vista muy restrictivo podríamos decir que sin los creadores de contenidos no existirían las Redes Sociales… ni Internet.
El problema que existe hoy en día con la información circulante, no obstante, es que mucha de esa información puede estar circulando sin el permiso de sus verdaderos creadores, lo que ha llevado a serias disputas sobre legalidad, derechos, etcétera y que no vamos a valorar ahora.
El último rol que vamos a comentar dentro de las Redes Sociales (aunque seguro que no es el último que hay), es el del generador de opinión. En américa, que tienen mucho más trabajado este tema de la Redes Sociales (aunque desde un punto de vista más orientado a los beneficios económicos), le dan un nombre específico a estos individuos o entes (en ocasiones no es propiamente una persona sino una organización), aquí no lo haremos porque prefiero darles un significado menos concreto.
Desde nuestro punto de vista el generador de opinión será solo eso: alguien que opina. Con la diferencia de que su opinión o comentarios serán lo suficientemente trascendentes, objetivas u originales como para crear tendencia. Considerando sus opiniones diferenciales como información nueva, también se les podría denominar generadores de contenidos, pero dado que sus seguidores estarán esperando sus comentarios en un sentido muy determinado, es importante valorarlos como los generadores de opinión que son.
Hay individuos y organizaciones que aspiran a este rol de generadores de opinión, como los partidos políticos, los cargos oficiales, los diputados, los directores de medios de prensa… pero, para ser sinceros, sus opiniones están tan trilladas y son tan poco objetivas que solo obtienen profundidad en la red para ser objeto de las más crueles burlas o fomentar la indignación colectiva. Los verdaderos generadores de opinión son aquellos de dar una vuelta de tuerca más a todos esos datos que nos llegan por la red y, sobre todo, aquellos que los medios de comunicación no han tenido el valor de tratar. También se puede llamar generadores de opinión a expertos a los que se reconoce un cierto valor en su campo, aunque no se acepten la mayor parte de sus ideas. En este último caso la política y la economía han generado mucha expectación en las redes las opiniones de personalidades como Niño Becerra, Sala i Martín, Vicenç Navarro, Arcadi Oliveres, Carod-Rovira, Carlos Bardem, Lucia Etxebarria, Carlos Carnicero, ARMAK de ODELOT (se da por supuesto que hay todo un equipo detrás de este nombre), Esther Vivas, Alberto Garzón, Armando el pollo (solo comentarios jocosos en twitter), Arnaldo Otegi, Ignacio Escolar, Juan López de Uralde, Javier Couso, Mònica Oltra, David Fernàndez, ATTAC España (es una organización)… La mayoría de ellos está más presente en twitter, pero sus opiniones o artículos de opinión, están en un enlace a una web o un blog; en ocasiones relacionados con algún medio de comunicación tradicional.
En cuestiones de opinión hay que decir que los medios de comunicación tradicionales como prensa escrita, tv y sobre todo la radio aún tienen mucho que decir. De hecho hasta su reciente muerte, Santiago Carrillo fue un importante generador de opinión. La opinión de este ex político fue esencial para cambiar la original beligerancia de los Medios de Comunicación tradicionales hacia el movimiento del 15M, por otra más objetiva.
El 15 de mayo de 2011 fue un domingo en que la prensa opinó de las manifestaciones ciudadanas con cierto escepticismo y manteniendo las distancias, pero cuando se convirtieron en acampadas en las plazas de muchas ciudades, una inercia a criticar aquel movimiento con saña se extendió por toda la prensa oficial. Cuando el martes 17, en “La ventana” de la SER, Genma Nierga hizo una pregunta orientada en sentido negativo sobre el 15M y don Santiago contestó casi reprochando la actitud de la prensa y valorando la frescura, necesidad e independencia de aquel movimiento, se hizo el silencio. En el noticiario de la noche de aquella emisora ya se había substituido las palabras de connotaciones negativas hacia lo que pasaron a llamarse “indignados”. En los días siguientes la prensa se paró a leer la información que circulaba por la red y, en especial, por las Redes Sociales y, salvo algunos medios lastrados por intereses muy anclados en la inercia franquista de nuestro país, la prensa se hizo más abierta a las ideas que empezaban a circular.
Aquella primera parte del movimiento 15M, o de los indignados, no acabó demasiado bien. Por una parte la heterogenia del mismo, por el otro la presión de los verdaderos poderes de vuestro país imposibilitaron llegar a ningún cambio visible, pero los cambios existieron y el principal fue una nueva manera de entender las redes Sociales como un nuevo y vital medio de comunicación.
Por todo esto tanto los CM, como los creadores de contenidos, los Echo o los generadores de opinión, son personas muy importantes en el mundo que ahora llega.
Sin embargo, no todo es tan serio en las Redes Sociales, de hecho cada red tiene su propias rarezas y peculiares que también las pueden hacer muy cómicas. Y lo más raro de todo son sus usuarios… es decir, todos nosotros. No voy a copiar de la red esas rarezas para no caer en el ámbito de ese ambiguo lugar donde se reparten tortazos por los derechos o no de autoría. No quiero que este capítulo, o todo el libro, sea tomado por el FBI tal y como secuestraron las autoridades norteamericanas a Megaupload. Secuestro que se llevó a cabo sobre todos sus contenidos fueran lícitos o no. Personalmente considero aquella hazaña como un verdadero acto de piratería, pero ellos prefieren denominar piratas a otros… supongo que la diferencia entre lo uno y lo otro estriba en lo que en siglos pasados era denominado como “patentes de corso”.
En cualquier caso esta como otras acciones de este y otros Estados, siempre han favorecido a unas sociedades de autores que desde mucho antes eran criticadas en la mayoría de países por los propios autores al mostrar unas enormes parcialidades. El gran problema, sin duda, venía dado por ser organizaciones privadas con pretensiones sobre las acciones públicas. Sin duda una contradicción difícilmente asumible ya que, al final, quedan en manos de grupos de poder internos o externos, pero donde el favoritismo es más norma que excepción. Otra vez el poder y el dinero en el fondo de esta controversia.
Pero hay una cosa que no debemos olvidar. Cuando hablamos del actual desarrollo de las redes sociales nos estamos centrando en solo dos: Twitter y Facebook. Pero es que su gran empuje viene dado por otro fenómeno que tampoco podemos dejar de lado: el Smartphone.
Sí, al menos una de cada cinco intervenciones en TW viene de un Smartphone, pero en Facebook podemos llegar a una de cada tres. Si a esto añadimos la intervención de las tablets, veremos que en algunos momentos del día la mayoría de las intervenciones en las Redes Sociales pueden provenir de personas desplazadas.
No sé si conocéis la anécdota de aquel que entró en un lavabo público y el del cubículo de al lado le saludó.
-¡Hola!
El hombre se sorprendió mucho y miró fuera para asegurarse que iba con él. Pero estaban solos en el lavabo, y como era educado devolvió el saludo.
-¡Hola! –Dijo con ciertos reparos-.
-¿Qué haces?
Aquella pregunta, por lo obvio de la respuesta, aún le sorprendió más. Tanto como para no indignarse como hubiera debido.
-Lo mismo que tú… supongo –respondió-.
-¿Qué? –Pareció no haber escuchado el otro-.
-¡Cagando! –Contestó él levantando algo la voz.
Al otro lado se escuchó una interjección irrepetible y, a continuación…
-Oye, te dejo que hay un imbécil aquí que se cree que estoy hablando con él.
Está claro que si había algún imbécil era el que se metía en el lavabo para hablar por teléfono, pero seguramente el que cuente la anécdota dirá que no salió a aplastarle los morros al otro porque se encontraba muy ocupado. Con todo lo que quiero ilustrar es el grado de aberración comunicativa que trajeron los móviles y, ya es de suponer, que con los Smartphone la aberración ha ido a más.
Sin ir más lejos, en las pasadas fiestas hicimos una comida familiar en un restaurante. Éramos muchos en la mesa, pero después del segundo plato ya había 4 smartphones circulando: tres estaban conectados a alguna red social (concretamente a grupos de whatsapp) y el cuarto dando la brasa con fotografías que en el fondo nadie quería ver. Con todo, dado el elevado índice de personas mayores en ella, lo de nuestra mesa era anecdótico porque frente a nuestra mesa había otra con 16 comensales y solo uno no estaba dándole a la pantallita de turno. Supongo que debía sentirse muy solo y por eso les daba tanto palique a los camareros. No sé muy bien por qué habían ido a comer juntos si era obvio que todos ellos estaban comiendo solos. Pero al alejar mi mirada vi que en todas las mesas el fenómeno, en mayor o menor medida se repetía. Los smartphones y las Redes Sociales habían atravesado las redes familiares y había abducido a los individuos más allá de la celebración navideña.
Hay que tener mucho cuidado porque el “homo conectadus” no es una evolución del homo sapiens, sino solo un sustituto cuyo valor aún está por demostrar. Así que sugiero que se haga correr un mensaje paráfrasis del obligado a usar en los anuncios de bebidas alcohólicas: “Conéctate con moderación”.
Así que si alguna vez os conectáis a una red social y tenéis que ir urgentemente al lavabo, cortad la conexión y, bajo ningún concepto cantéis una canción de Antonio Molina o soltéis la frase que hace de título para este capítulo.


*NOTA FINAL: No es correcto decir twitero sino follower, pero sino no podría entenderse lo de cantar a lo Antonio Molina… yo… yo soy tuiteeeeeroooooooooooooooooooooooo.


lunes, 17 de diciembre de 2012

Escucha tu luz (relato para la Navidad 2012)



Un hombre sabio decía que en este mundo no obtenemos lo que verdaderamente deseamos, sino que, solo si tenemos suerte, tenemos aquello con lo que nos conformamos. Tal vez nos iría mejor si nos dedicáramos a buscar la felicidad ajena, solo así podríamos acceder a nuestros mejores deseos.
Pero hace ya mucho tiempo que los hombres sabios no visitan la Tierra. Nos gobiernan mediocres bajo los hilos de la pura avaricia en el nombre de ideales inexistentes y fes vacías de humanidad. Así el opulento festín de unos pocos ha convertido al resto del planeta en el hogar de los miserables.
Entre la sabiduría desaparecida y un futuro descorazonador, vuelve a surgir una luz que ilumina el camino. Un camino difícil y lleno de piedras y mayores sufrimientos de los que promete un sistema corrompido y que muchos quieren ignorar que nunca cumplirá. Como hace dos mil años, esa luz se opone al poder sin oponerse en realidad, esa luz se presenta ante los jefes de todas las religiones y les fustiga con una verdad que va mucho más allá de la fe. La luz coge la moneda de cambio y se la entrega al rico mientras recita una frase olvidada: “Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.
¿Si Dios está en todas partes, porque se erigió el templo de Salomón, la Ciudad del Vaticano, la Kaaba…? Si Dios está en todas partes solo necesita de un templo: el propio hombre. Poco importa que ese hombre sea cristiano, judío, musulmán, hinduista, budista, ateo… Todo hombre tiene la obligación de lleva la felicidad allá donde vaya. Pero nos hemos olvidado de todo lo que importa de verdad y hacemos caso de los banqueros, de Papas y Popes, de imanes, de rabinos, de sacerdotes de todas las religiones, de libros escritos cuando los hombres aún no eran hombres, del oro y del dinero, de políticos aburridos… hacemos caso a todo y nos olvidamos de esa vocecita de cordura que sale de nuestro interior y nos dice que miremos a la luz.
Pero cuando la esperanza se ahoga en la oscuridad, la luz cobra más fuerza y las gentes quieren explicar de dónde sale, mientras los súbditos del poder la acusan de todos los males. La luz pide justicia y recuerda que el hombre debe trabajar para la felicidad de todos, mientras el sistema protege a los poderosos, que se hacen más poderosos, aún a costa de miles de vidas.
En Egipto la luz venció a la dictadura, pero el sistema contraatacó con la fe… la lucha continua. En Libia la luz venció al tirano, pero el capital contraataco… la lucha continua. En Túnez la luz expulsó a la corrupción y viven un periodo de esperanza. En Islandia la luz venció y ahora siguen su duro camino, pero ahora saben a dónde van porque el camino está iluminado. Pero la oscuridad aún se cierne sobre Portugal, Italia, Grecia y España. Donde el capital, la religión y sus siervos se hicieron más poderosos, la luz es negada y denominada radical. Para los sicarios del mal no es radical que miles de familias se queden sin medios de subsistencia, sin educación, sin sanidad, sin libertad y sean expulsados de sus casas. Y cuando llenos de desesperanza las personas se tiran a las vías del metro o del tren, o saltan al vacío desde un quinto piso, se pegan un tiro… ni una lágrima, ni un pequeño sentimiento de tristeza, de solidaridad, de remordimiento. Y entre tanto, la iglesia que nos habla de caridad, de bondad y de buenos sentimientos, se muestra inmune a lo que pasa y se lleva, insolidariamente, miles de millones bajo La Roca. Un dinero que hubiera podido frenar ese desastre, pero no contenta, sus hombres más radicales (el Opus) se sitúan en los lugares estratégicos para cazar al vuelo todas las oportunidades que la miseria del pueblo les ofrece.
Pero también aquí, donde la lucha parece que solo ha servido para que los siervos del poder se muestren más hostiles, la luz empezó a brillar y empieza a alimentar cada vez más corazones. De poco les servirá que les tachen a ellos, que solo quieren lo que es justo, de radicales.
“No hagáis huelga porque solo empeorareis la situación económica”. Y eso de qué nos servirá cuando no tengamos techo ni comida con que alimentar a nuestros hijos… de que les sirve a los que ya han llegado a esa situación. Como decía la hermana Teresa Forcades  (monja, médico y teóloga): “¿Por qué no hay una Huelga General Indefinida hasta que caigan los poderes establecidos?”. La pregunta, sin embargo, debería ser: “¿Por qué los sindicatos se empeñan en dejarnos desangrar poco a poco y perder la fuerza sin reaccionar?” Pero esta vez sí sé la respuesta: porque están dentro de un sistema corrupto y no son capaces de ver cuál es el camino para solucionar el problema… de hecho son incapaces de ver cuál es el verdadero problema y por ello se han convertido en parte de él.
Pero la luz brilla en nuestros corazones y nos vuelve solidarios. No temáis porque os llamen insolidarios. Desenchufad vuestra mente de la caja tonta y no sintáis culpa, porque no os liberareis  de ella en esta Navidad dando miles de euros a las causas solidarias. Eso está muy bien, pero escuchad vuestra luz y os llevara con las PAH (Plataformas de Afectados por las Hipotecas) y salvad a una familia del desahucio, con los yayoflautas, la asociación de afectados por las preferenciales, la marea verde, la marea blanca, la marea azul, con aquel niño que llora en un rincón porque lo ha perdido todo y aún no lo entiende… ofreced vuestros cuerpos y vuestras almas al sentimiento de libertad, de justicia, de amor y de paz que, según reza la tradición, nos desveló un niño en el portal de Belén hace 2012 o 2013 (qué más da).
Ya no quedan hombres sabios como Melchor, Gaspar, Baltasar y Azkabán, los cuatro Reyes Magos que, por mucho que le pese a Benedicto XVI, no eran andaluces, sino hombres de todo el mundo y portadores de los saberes perdidos de la biblioteca de Alejandría… pero ante todo, portaban la bondad de la verdadera sabiduría perdida entre la avaricia de una nueva fe, camuflada con los nombres de todas las religiones: al becerro de oro.
Esta Navidad alumbra a los demás con tu luz y si juntamos de nuevo nuestras luces haremos que aquel niño que redimió a la humanidad de todos sus pecados, no muriese después en vano.

Imagen tomada de www.fonditos.com