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domingo, 11 de junio de 2017

La conspiración del silencio


Acabo de ver la película "La Conspiración del Silencio" (2014). Habla de cómo un solo juicio contra el nazismo evitó que la democracia que nacía en la Alemania de la post-guerra, se enquistara tal y como ha hecho nuestra democracia española.
No fue el juicio de Nürenberg. Ese lo hicieron los aliados para poder dar por acabada la guerra. Fue un juicio muy posterior en que los propios alemanes sacaron a la luz a sus propios asesinos. 
Los alemanes comprendieron que no puede existir perdón sin un reconocimiento de la culpa, sin una visión globalizada de la memoria de las víctimas y sin un castigo a lo más oscuro del pecado que acabe con la omertá que lo pudre todo y extraiga a la superficie un verdadero arrepentimiento.
La película habla de unas personas que, desde la fiscalía provincial de Frankfurt, desentrañaron el silencio sobre los campos de exterminio y, en especial, el de Auschtwitz, en Polonia.
A Mengele, el mayor monstruo, sin duda, de la historia de nazismo, no se le pudo detener entonces, pero su maldad inspiró un juicio que salvó la virtud de Alemania. Porque si la mayoría de alemanes se habían visto obligados a inscribirse en el partido Nazi para preservar sus carreras, solo unos pocos ejercieron el poder que ello les daba. Sin embargo, la ley del silencio se había adueñado de todos los alemanes, incluso más allá de la guerra y de la paz, permitiendo que los monstruos siguieran viviendo escondidos entre el resto de conciudadanos, negando la posibilidad de que nadie les señalara con el dedo.
Alemania creó una democracia después de la Segunda Guerra Mundial, pero en ella medraban los mismos que alimentaron los engranajes del nazismo. Sin disculpas, sin pedir perdón, sin castigo y sin arrepentimiento. Y mientras esa falsa democracia amanecía, las víctimas seguían con la cabeza agachada y sin poder gritar al viento su sufrimiento olvidado para la nueva patria.
El juicio de Frankfurt cambió todo aquello.
Desgraciadamente en España, donde no hubo unos aliados que nos libraran del terrorismo de estado al que nos sometió el régimen de Franco, hemos permitido que nuestra falsa democracia se basara en los silencios por las víctimas cuyos huesos se deshacen en cientos de cunetas. Y entre tanto, los herederos de aquella dictadura siguen gobernándonos en silencio y disfrutando del botín obtenido. España ya no tiene remedio porque no hubo perdón, solo olvido y negación; las víctimas siguen siendo víctimas que no pueden hablar, los verdugos siguen sin castigo, los testigos siguen callados... y todo porque no hubo un juicio que explicara lo ocurrido, que castigara a lo peor de aquel régimen terrorista y, sobre todo, que generará un arrepentimiento humano y sincero que cambiara las cosas y abriera la puerta a un posible perdón verdadero.
Con esa base corrupta de nacimiento, la democracia en España solo puede ser una falacia y sus aspiraciones nacionales un camino a un infierno del que solo se sale por la puerta de la autodestrucción.

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