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lunes, 26 de julio de 2010

Vida

La vida es algo que no se puede explicar con unas notas musicales y unas fotografías viejas. Más bien en una extraña película que se proyecta en el corazón y se lee con la mente distraída. Una película que va cambiando de sala en sala y, aunque siempre es igual, nunca es la misma. La vida es una verdad y una mentira que se dicen con las mismas palabras. Llantos y risas entremezclados en un reloj de arena cuyos granos se escapan, a través del cristal, cada vez que una lágrima ocupa su sitio.

La vida es la vida. C’est la vie que dicen los franceses. Mientras unas vidas acaban, otras empiezan. Sin mayor o menor importancia. Todo es más importante para quien lo vive y lo experimenta, que para quien lo escucha con palabras, con imágenes, con música. Sin esa dimensión especial del sentimiento que impone el instante.

Hoy salió el sol. Hoy hubo un ocaso. Y se hizo de noche… hasta que el nuevo día me sorprendió dormido, o despierto en un sueño.

No. Yo no creo que la vida sea un sueño, porque duele como la vida. La vida ríe como la infancia, y se enamora como un adolescente… y sueña. Y aunque soñar también es la vida, la vida no es un sueño, aunque, como ellos, dicen que se acaba.

Dije adiós a familiares y amigos que nunca regresaron, salvo en sueños. Dije adiós a imágenes en la televisión que, una y otra vez se repitieron con las mismas sonrisas electrónicas, voces en conserva y palabras repetidas. Ya nunca serán otra cosa que la impronta de archivos que dejaron de su memoria. Seguramente no fueron totalmente así, como ahora los recordamos, pero eso es lo que quedó al morir. Esos son los esqueletos de sus idearios y como los huesos se consumirán podridos entre la ideas de otros que prueban a interpretar, a su manera, las palabras abandonadas en esta tierra.

Vivir, morir, tal vez soñar… y entre tanto reír, llorar, amar e incluso odiar, hasta que el último instante deje de nosotros sólo una película en corazones ajenos que ojalá deje un buen sabor de boca.

Guardadme un sitito en vuestras mejores pantallas.

martes, 13 de julio de 2010

El sentimiento de un pueblo.

Villarriba y Villabajo se han unido en un solo pueblo, Villaenmedio, para poder usar el mismo detergente mágico (en inglés, claro). Parece que todo es muy idílico porque han encontrado una paellera lo bastante grande para todos. Pero, mira tú por dónde, que a una de las zonas más importantes de Villarriba, la que más dinero aporta a las fiestas, nunca le gusto la paella. Ellos siempre comían pizza, pero ahora, con unas paellas tan descomunales, no les queda sitio para sus tradicionales pizzas. Ellos habían pedido que, aunque se aumentara la paellera, se les dejara un huequecito para su pizza. Sin embargo, “el tribunal de tradiciones para la unión de las villas” (órgano supremo de la nueva población), ha determinado que comer pizza en las fiestas de Villaenmedio atenta contra la unidad de la nueva “Villa”. Además, los pizzeros no usan el detergente estipulado y eso es inconstitucional.

Parece ser que al presidente de los pizzeros, como a muchos otros, el arroz le provoca arcadas, por esa razón, un grupo de “constitucionalistas” de Villabajo ha realizado un video con un discurso de Adolf Hitler poniéndole la cara del pizzero mayor y la reparten por toda Villaenmedio como jocoso argumento del extremismo de “ese grupo anticonstitucional”.

Finalmente, como era de esperar, se radicalizan las posiciones y muchos ciudadanos de Villarriba piden la escisión de Villapizza de Villaenmedio.

Va a ser muy difícil conseguir la independencia, pero siempre puede ocurrir que aparezca una nueva marca de detergentes capaz de dejar como una patena los utensilios de elaborar pizzas… ¿Qué será entonces de la paella?

Ayer Villabajo y Villarriba eran pobres pero felices. Mañana Villaenmedio y Villapizza puede que también lo sean. Pero está claro que hoy no hay felicidad en Villaenmedio porque los que cortan o reparten el bacalao (o la paella en este caso) son intolerantes e inflexibles con las diferencias.

“Imagen sacada de http://descargasargentina.com para que nadie se ofenda”.


sábado, 10 de julio de 2010

¿Qué es la verdad?

Para algunas personas la verdad es un ente absoluto e invariable que ante la duda siempre les favorece. Hay personas convencidas de que la verdad siempre aparece escrita en letras de oro en un libro sagrado. Para otros la verdad es aquella que se escribe con la propia sangre. Pero en verdad, la verdad... no existe. La verdad es esquiva y, si existe, es relativa. Lo verdadero y lo falso, salvo en matemáticas, depende del color del cristal por el que se mira. Y en ocasiones, en matemáticas, también.

Tan dudosa es la verdad que, si viviéramos un terremoto y se cayera todo a nuestro alrededor hasta que una piedra nos acertara en el dedo gordo del pie, la única verdad de la que podríamos estar seguros en todo ello, sería el dolor que sentiríamos en ese dedo. Y sería nuestra verdad, porque las personas a nuestro alrededor tendrían sus propias verdades particulares. Y especialmente para el individuo que, en el exterior, a derribado parte de la casa con su grúa, haciéndonos creer que estábamos en medio de un terremoto.

Hay situaciones en que la verdad aún es más esquiva. Bajo los efectos de estupefacientes, alcohol, creencias místicas, euforias colectivas futboleras o de manifestaciones políticas... y todas esas otras situaciones donde nuestra percepción queda alterada química o emocionalmente.

La verdad absoluta no existe. Aún recuerdo cuando un profesor de matemáticas me demostró que uno más uno no era dos, sino que tendía a dos. Desde ese momento puse toda la verdad bajo la lupa y llegué a la conclusión de que únicamente podía aceptar como absolutas las sensaciones internas propias y, únicamente como tautologías: siento dolor, luego siento dolor. Ni tan siquiera pude aceptar como cierto el "pienso, luego existo", ya que previamente tenía que definir que era pensar y que era existir y me perdía en las relatividades del lenguaje.

Aún recuerdo cuando felicité a cierto individuo porque había logrado que publicaran en la web de Falange Española un escrito suyo con el título ‘Lo reconozco, soy fascista". Seguramente el individuo creyó que todos sus alegatos religiosos y nacionalistas castellanos, eran en realidad un ejemplo de liberalidad. Creyó que sus ataques airados eran muestras de lucidez. Sus ataques brutales a lo que no le parecía correcto bajo sus "verdades absolutas" eran moderados y tolerantes. Por todo eso le sorprendió que Falange acogiera en su seno sus palabras... "mesuradas". La respuesta a todo aquello fue la de insultar, vilipendiar y llamar mentirosos a los que le mostraban la cruda realidad (matar al mensajero). Ni por un momento pensó en acusar a los que habían tomado sus palabras a crédito. Si hubiese sido consecuente con sus ideales, se hubiese sentido orgulloso de que falange tomara sus palabras a crédito, después de todo, tenían los mismos ideales. Falange también cree que es muy liberal, tolerante y evolucionada (no en vano algunas ideas del falangismo fueron tomadas del mismísimo Marx, aunque eso jamás lo aceptarán).

Este individuo, después de este suceso, que a otro le hubiesen hecho replantearse su forma de manifestarse, aún actuó con más encono y, lejos de abandonar sus posturas hirientes, inició una campaña de ensañamiento contra los que se habían reído de su absolutismo cerrado.

Yo también he sufrido robo de artículos que han sido expuestos en lugares incómodos, pero jamás se me ocurriría cargar con los que hicieron el descubrimiento (por mucho cachondeo que se llevaran con ello). De hecho aún oigo risas por un par de ellos, pero mi acción ha sido la de actuar contra el que lo ha tomado sin permiso (bueno, a alguno le tuve que llamar al orden, pero ese era más un tema de medicación que de ideologías, y ahora ya se la toma... lo juro). En el descargo del individuo hay que decir que todos estabamos convencidos de que fue el mismo quien permitió a Falange publicar ese artículo en su web. Después de todo ya escribe para la red "Periodista Digital" y sólo un tonto no sabe lo que eso significa... Sí... seguro que piensan que aún creo que él mismo lo publicó en Falange. Pues están en lo cierto, pero él dice que no y, a pesar de su personalidad, tendremos que aceptar su palabra.

Como dije yo también he sufrido incomodas adopciones de textos que podrían hacer parecer que apoyaba cosas que no estaban en mi pensamiento ni remotamente. Pero desde entonces he tenido mucho cuidado con las verdades absolutas, y he descubierto que al margen de las verdades y las mentiras existen las cosas que duelen. Y tengo claro que a mí no me duele lo mismo que a ti. Como va a comprender un madrileño lo que significa la actual sentencia del TC, como voy yo a comprender que siente un vasco respecto al eusquera, o los andaluces respecto al flamenco, los asturianos sobre Covadonga... Hay verdades que no pueden ser absolutas, porque un punto de vista exterior las hace irreales, pero en el lugar donde se viven son verdades que duelen. Hay temas límite, como el aborto, la pena de muerte, la lengua, la autodeterminación, el franquismo... temas en que toda verdad absoluta es aún más absurda que los demás. Sin embargo, siempre hay grupos que se meten en los calzoncillos ajenos sin saber que queda delante y que queda detrás.

Albert Boadella dice que se fue harto de Catalunya porque nuestros políticos hacían precisamente eso, pero ahora va y se vende por treinta monedas a los que hacen lo mismo desde fuera, lo que aún es más grave. Ha saltado del mini-absolutismo local al mega-absolutismo exterior. Sin duda acepta aquella máxima de que la mayoría tiene razón, después de todo cien mil millones de moscas no pueden equivocarse: la mierda es buena.