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lunes, 17 de diciembre de 2012

Escucha tu luz (relato para la Navidad 2012)



Un hombre sabio decía que en este mundo no obtenemos lo que verdaderamente deseamos, sino que, solo si tenemos suerte, tenemos aquello con lo que nos conformamos. Tal vez nos iría mejor si nos dedicáramos a buscar la felicidad ajena, solo así podríamos acceder a nuestros mejores deseos.
Pero hace ya mucho tiempo que los hombres sabios no visitan la Tierra. Nos gobiernan mediocres bajo los hilos de la pura avaricia en el nombre de ideales inexistentes y fes vacías de humanidad. Así el opulento festín de unos pocos ha convertido al resto del planeta en el hogar de los miserables.
Entre la sabiduría desaparecida y un futuro descorazonador, vuelve a surgir una luz que ilumina el camino. Un camino difícil y lleno de piedras y mayores sufrimientos de los que promete un sistema corrompido y que muchos quieren ignorar que nunca cumplirá. Como hace dos mil años, esa luz se opone al poder sin oponerse en realidad, esa luz se presenta ante los jefes de todas las religiones y les fustiga con una verdad que va mucho más allá de la fe. La luz coge la moneda de cambio y se la entrega al rico mientras recita una frase olvidada: “Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.
¿Si Dios está en todas partes, porque se erigió el templo de Salomón, la Ciudad del Vaticano, la Kaaba…? Si Dios está en todas partes solo necesita de un templo: el propio hombre. Poco importa que ese hombre sea cristiano, judío, musulmán, hinduista, budista, ateo… Todo hombre tiene la obligación de lleva la felicidad allá donde vaya. Pero nos hemos olvidado de todo lo que importa de verdad y hacemos caso de los banqueros, de Papas y Popes, de imanes, de rabinos, de sacerdotes de todas las religiones, de libros escritos cuando los hombres aún no eran hombres, del oro y del dinero, de políticos aburridos… hacemos caso a todo y nos olvidamos de esa vocecita de cordura que sale de nuestro interior y nos dice que miremos a la luz.
Pero cuando la esperanza se ahoga en la oscuridad, la luz cobra más fuerza y las gentes quieren explicar de dónde sale, mientras los súbditos del poder la acusan de todos los males. La luz pide justicia y recuerda que el hombre debe trabajar para la felicidad de todos, mientras el sistema protege a los poderosos, que se hacen más poderosos, aún a costa de miles de vidas.
En Egipto la luz venció a la dictadura, pero el sistema contraatacó con la fe… la lucha continua. En Libia la luz venció al tirano, pero el capital contraataco… la lucha continua. En Túnez la luz expulsó a la corrupción y viven un periodo de esperanza. En Islandia la luz venció y ahora siguen su duro camino, pero ahora saben a dónde van porque el camino está iluminado. Pero la oscuridad aún se cierne sobre Portugal, Italia, Grecia y España. Donde el capital, la religión y sus siervos se hicieron más poderosos, la luz es negada y denominada radical. Para los sicarios del mal no es radical que miles de familias se queden sin medios de subsistencia, sin educación, sin sanidad, sin libertad y sean expulsados de sus casas. Y cuando llenos de desesperanza las personas se tiran a las vías del metro o del tren, o saltan al vacío desde un quinto piso, se pegan un tiro… ni una lágrima, ni un pequeño sentimiento de tristeza, de solidaridad, de remordimiento. Y entre tanto, la iglesia que nos habla de caridad, de bondad y de buenos sentimientos, se muestra inmune a lo que pasa y se lleva, insolidariamente, miles de millones bajo La Roca. Un dinero que hubiera podido frenar ese desastre, pero no contenta, sus hombres más radicales (el Opus) se sitúan en los lugares estratégicos para cazar al vuelo todas las oportunidades que la miseria del pueblo les ofrece.
Pero también aquí, donde la lucha parece que solo ha servido para que los siervos del poder se muestren más hostiles, la luz empezó a brillar y empieza a alimentar cada vez más corazones. De poco les servirá que les tachen a ellos, que solo quieren lo que es justo, de radicales.
“No hagáis huelga porque solo empeorareis la situación económica”. Y eso de qué nos servirá cuando no tengamos techo ni comida con que alimentar a nuestros hijos… de que les sirve a los que ya han llegado a esa situación. Como decía la hermana Teresa Forcades  (monja, médico y teóloga): “¿Por qué no hay una Huelga General Indefinida hasta que caigan los poderes establecidos?”. La pregunta, sin embargo, debería ser: “¿Por qué los sindicatos se empeñan en dejarnos desangrar poco a poco y perder la fuerza sin reaccionar?” Pero esta vez sí sé la respuesta: porque están dentro de un sistema corrupto y no son capaces de ver cuál es el camino para solucionar el problema… de hecho son incapaces de ver cuál es el verdadero problema y por ello se han convertido en parte de él.
Pero la luz brilla en nuestros corazones y nos vuelve solidarios. No temáis porque os llamen insolidarios. Desenchufad vuestra mente de la caja tonta y no sintáis culpa, porque no os liberareis  de ella en esta Navidad dando miles de euros a las causas solidarias. Eso está muy bien, pero escuchad vuestra luz y os llevara con las PAH (Plataformas de Afectados por las Hipotecas) y salvad a una familia del desahucio, con los yayoflautas, la asociación de afectados por las preferenciales, la marea verde, la marea blanca, la marea azul, con aquel niño que llora en un rincón porque lo ha perdido todo y aún no lo entiende… ofreced vuestros cuerpos y vuestras almas al sentimiento de libertad, de justicia, de amor y de paz que, según reza la tradición, nos desveló un niño en el portal de Belén hace 2012 o 2013 (qué más da).
Ya no quedan hombres sabios como Melchor, Gaspar, Baltasar y Azkabán, los cuatro Reyes Magos que, por mucho que le pese a Benedicto XVI, no eran andaluces, sino hombres de todo el mundo y portadores de los saberes perdidos de la biblioteca de Alejandría… pero ante todo, portaban la bondad de la verdadera sabiduría perdida entre la avaricia de una nueva fe, camuflada con los nombres de todas las religiones: al becerro de oro.
Esta Navidad alumbra a los demás con tu luz y si juntamos de nuevo nuestras luces haremos que aquel niño que redimió a la humanidad de todos sus pecados, no muriese después en vano.

Imagen tomada de www.fonditos.com  

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