sábado, 17 de enero de 2009

Carta abierta a mi médico de cabecera.




Imagen tomada del “Blog del ciervo ermitaño” (http://maltut.wordpress.com/).

Estimado señor o señora (eso nunca se sabe):

Esta es una carta abierta porque nunca tendría usted tiempo de abrir una cerrada y con mi remite. Igual que no tiene tiempo suficiente para escuchar a sus pacientes y se limita a oír aquello que a usted le conviene. Yo soy aquel paciente al que usted nunca dará la baja porque le parece sospechoso, todo y que desde que usted es su médico jamás a estado de baja. También soy aquel que entre tiritones febrígenos y esputos de sangre usted encontró tan sano. Gracias a Dios, que no a su sabia ciencia, ya me curé, no sin esfuerzo, de aquella enfermedad que no tenía. Pero no perdamos su valioso tiempo en recriminaciones “que no se merece” (perder el tiempo de los pacientes ya es otra cosa, por eso se llaman pacientes) y vayamos al grano, que no a la vesícula putulinosa con escoriaciones cutáneas a la que usted no prestó atención ni cuando se rodeó de verrugas.


La presente es para comunicarle que he decidido dejarme morir porque estoy harto de ser tan importante para esta sociedad que no deja de cobrarme impuestos y ni tan siquiera me permite estar un par de días enfermo. Primero pensé en fumar, pero no soporto el humo del tabaco. Después pensé en beber, pero mi estómago inició toda una campaña de protestas contra el alcohol. También inicié una huelga de hambre, pero pasaba demasiada hambre. Las drogas no me permitían ser yo mismo. Así que, al final, decidí comer cuanto me apeteciera y dejar de hacer el poco ejercicio que, el escaso tiempo libre del que disfruto, me permite. Ya llevo engordados cincuenta kilos, mi colesterol y mis triglicéridos se suben por las paredes, mi presión sanguínea es la de una olla a presión, siempre tengo dolor de espalda y cada vez tengo menos energías para moverme. Pero sabe una cosa: sigo tan sano como siempre.


En la nueva sociedad puedes estar enfermo o puedes estar sano, puedes tener trabajo o estar en el paro, puedes someterte a los designios de la sociedad o irte a vivir debajo de un puente, pero lo que no puedes hacer es coger la baja o intentar recuperar parte de lo que pagas a la seguridad social por el simple hecho de no encontrarte en condiciones físicas o anímicas. Actualmente una persona que falta a su trabajo o pierde dinero, si es un autónomo, o se convierte en un delincuente, si es un empleado por cuenta ajena. El resultado siempre es el mismo, debes estar dispuesto a dar y nunca a recibir porque no existe nadie, en verdad, que te ayude a levantar. Es una lástima, querido doctor, que usted sea tan fiel al sistema, espero que este le dé a usted las alegrías que a mí me ha negado.



Atte. el enfermo más sano de su consulta y pronto el muerto más vivo del cementerio.

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