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    Hace 7 horas

lunes, 22 de diciembre de 2008

Soy rojo, ¿y qué?


Ya estamos metidos en esas fechas que unos aman y otros deploran, pero que a ningunos dejan indiferentes. Amor, consumismo, pesadez, amistad, jolgorio, tristeza… todo eso y mucho más se mezclan en un caldo… “navideño”.

Para hacer honor al caldo, a los galets, las pelotas, los rellenos… y todo lo que en cada lugar contenga ese caldo, voy a dejar a un lado la programación habitual para retomar los temidos cuentos navideños. Ya me siento un poco como el Crepy con un gorro de Papá Noel, así que ahí va el primero espero que no se os atraganten las navidades…

(Disculpen las molestias. Aquí debían aparecer unas terroríficas carcajadas de Vincent Price sacadas del “Thriller”, pero, por diversas causas, no ha sido posible).

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Soy rojo, ¿y qué?

No entiendo la razón de que se me relacione con la Coca-cola. Sí que es cierto que hace cien años mi traje era verde, no el verde fosforito de esos de Enema o anatema o como quiera que se llamen los de esa compañía de teléfonos, sino de verde Navidad… mi marca favorita. Al parecer los del refresco de cola me pintaron de rojo y ahora salgo a la calle de tan chillón color, pero eso a nadie le importó durante mucho tiempo. Recuerdan, los que a finales de los setenta ya estaban aquí, que entonces se hablara del origen de mi color. Bueno, entonces el tema era que me habían traído las películas americanas para jubilar a los Reyes Magos. Pero la lógica se impone tarde o temprano y como nadie puede aguantar a los niños tan alterados hasta el final de las fiestas, yo he sido la salvación, soltarles unos pocos regalos en Navidad alivia la tensión y tiene a esos mocosos distraídos el resto de las fiestas.
Sí, soy rojo ¿y qué? Qué importa el color cuando hablamos de ilusiones.
¿Un ser fantástico o imaginario? Díganselo a ese niño de cuatro años que me mira con los ojos como platos y se queda mudo al sentarlo en mi regazo. Y, después de todo, tan imaginarios como yo, son los reyes magos y miren las caras de esos angelitos en la cabalgata de cada año… ¿De verdad, los Reyes Magos, son seres de ficción?
Cuando los padres buscan con mimo y dedicación los juguetes por las tiendas, cuando en mitad de la noche envuelven los regalos y los colocan en el lugar convenido por cada familia, ya sea la noche de Reyes o la de Navidad, cuando la ilusión se desborda a la mañana siguiente abriendo los paquetes… ¿es una ficción? ¿Cómo puede llamar nadie ficción a la ilusión y al cariño?
“La Navidad es consumismo” gritan amargados aquellos que no pudieron o no supieron guardar esa ilusión. Consuma lo que usted quiera que yo me quedo con mi viejo caballo de cartón, le he puesto unas tiritas y envuelto con un lazo rojo y ahora es un antojo para quien aún disfrute de la Navidad. Ni más buenos, ni más malos, tan solo unas horas felices, si lo gasto porque lo gasto y si no lo gasto porque no. Lo que importa es ser felices y romper la monotonía aunque sea porque toca, cada cual a su manera, pero la ilusión es la fuerza suprema.
Durante ochenta años nadie se preguntó por mi color, sólo sabían que les hacía ilusión. ¿Quién gana con desenterrar el origen de mi traje?¿Tienen miedo de que digan que fue Ferrari o, tal vez… “Vodafon”… la “Xiveca”, “Moet-Chandon” o el rojo libro de Mao? Ochenta años ilusionados con el significado de Papa Noel y a nadie le importó mi color ¿Racismo contra la imaginación? A la vejez viruelas. Ni yo, ni los Reyes Magos, tenemos nada que ver con nada que no esté en las mentes y que por una noche… también está en los corazones.
Y ahora, dejad paso a mi trineo si no queréis estar en la lista de los malos.

2 comentarios:

Andreu Romero dijo...

Puestos a elegir ser navideño, me quedo con el Papá Noel robótico de Futurama, que tenía un programa detector de maldades tan afinado que consideraba a todo el mundo malvado e indigno de regalos.

Bolzano dijo...

Supongo que es muy diferente tener hijos que no tenerlos para poder disfrutar de estas fechas.

Yo ya lo sabes, no las disfruto, y siempre me pregunto como sería con hijos.
Me gustaría mantenerme firme en mis principios, pero luego haría que mis principios fueran los suyos y eso me crea un problema moral.

Cuando llegue ya me lo platearé, si llega claro que no lo veo yo muy claro, jeje.