domingo, 26 de julio de 2026

La llave perdida

 

A esta llave no le gustan las cárceles. Cuando las fabrican lo hacen pensando que han de abrir y cerrar miles de veces una misma cerradura, una misma puerta... ¿una misma cárcel?

Pero a esta llave la hicieron con hierro dulce, no le gustan las cárceles y aunque durante un tiempo hizo su trabajo sin rechistar, el estar abrazada y a un tiempo prisionera en la fría argolla del llavero, fue más de lo que podía soportar. Desde el día en que fue encerrada en aquella anilla, con otras ocho llaves como compañeras de presidio, ya tuvo una mal relación con su carcelera. Su orificio era pequeño para el rudo aro y las fricciones entre ambos fueron habituales hasta casi hacer saltar chispas. Mucho sufrió la presa, pero también sufrió el carcelero que vio saltar su cromado y asomar a la intemperie su vil metal, aquel cobre que algunos confundían con dinero. Así que, el día que la llave se fugó, fue un descanso para aquel llavero. Y, entre tanto, ahí duerme la llave, encima de una piedra y a un paso del camino en el que se despidió de su oficio.

sábado, 14 de marzo de 2026

El círculo




 

Después de muchos años insistiendo, unos sobre que aquella podía ser la única solución y otros el fin del mundo, hoy parecía claro que ambos habían tenido razón: el fin del mundo había sido la única solución.

Originalmente las bombas de olvido apenas habían provocado daños materiales ni personales, pero conforme se había ido extendiendo su contenido por todo el planeta, se había empezado a liberar la verdadera esencia de la humanidad.

Vimos como unos humanos armados de cruces se enfrentaron a otros con medias lunas y, a estos, frente a otros con estrellas. Todos ellos hace mucho que se mataron entre sí.

Después alguien descubrió algo apetecible y le plantó una bandera que encontró. No dejaba que nadie se acercarse y aquello fue suficiente para que todo el mundo lo quisiera. Pero defendió su posesión con todo lo que tuvo a su alcance. Su final fue una orgía de sangre donde pocos quedaron para descubrir la inútil base de aquella bandera.

Aún más tarde llegaron las ratas, pero también hace tanto que no recuerdo qué fue de ellas. Pero sí me acuerdo del silencio. Porque al final todo fue silencio y soledad hasta que llegaste tú.

--No recuerdo nada, pero sé que no quiero estar sola.

--¿Cómo te llamas?

--No lo sé.

--Te llamaré “Tú”

--Llámame como quieras mientras lo hagas cada mañana durante el resto de nuestros días.

Frente a ambos se extendía una tierra rica y llena de sorpresas. Casi un paraíso. Hasta que un día, Tú descubrió un libro y también que era capaz de leerlo. En una de las páginas leyó como un hombre llamado Isaac Newton vio caer una manzana y de ello dedujo la teoría de gravitación universal. Entonces le dio un mordisco a aquellas páginas y salió corriendo para compartir aquel manjar con su compañero.