domingo, 2 de septiembre de 2012

Rebelde y no bandido



Rebelde fui.
Tocado por el dedo del diablo,
negándome a comulgar
con ruedas de molino
tan pronto tomó la vida un cierto sentido.
Rebelde, sí,
mas no un bandido.

El mundo me hizo ver
que solo con querer
nada podría.

El mundo me hizo hacer
todo lo que el poder
me disponía.

Por eso me negué
en redondo a obedecer.
Era mi día.

Y me dije
que rebelde había de ser
si no moría.

Montañas y castillos
levantaron a mi paso,
mas mi voz buscó entre sus grietas
el camino de las piedras
hasta escuchar más voces
que anhelaban la libertad…
La libertad.

Fui el agua que se hiela entre las grietas,
el eco que reverbera,
el viento que desgasta,
la lluvia que arrastra,
y la esperanza
que hace aflorar
la olvidada rebeldía
de la adolescencia.

Rebelde fui
y rebelde soy,
mas no un bandido.

Luchar sí,
pero siempre
evitando el sinsentido.
Rebelde, sí,
mas no un bandido.


“Y cuando caigan las murallas no reiré pues mucha sangre habrán costado, solo seré feliz cuando nazca una flor entre sus piedras”.

1 comentario:

Unknown dijo...

Estupendo poema que deja clara la diferencia entre el bandido y el rebelde, que siempre con una causa noble se enfrenta al poder establecido y a favor de la justicia.
Esperemos que terminen por caer esas murallas.
Saludos.