
Entre la calle del corazón y la avenida de la mente están pasando muchas cosas en los últimos días. Son dos calles paralelas que sólo en la ciudad de los sueños pueden cruzarse y dar rienda suelta a fenómenos muy curiosos.
Del corazón parten las mejores amistades, también esos monstruos ignotos que amenazan con comerme en las horas de los semáforos en verde. Por su parte, la avenida de la mente es un paseo concurrido donde reina el caos buscando alguna forma de orden. Sin lugar a dudas, lejos de la vigilia, todo termina por encajar en la amplia avenida, todo menos lo que rodea el cruce con la calle del corazón. Allí no hay razonamiento humano que pueda ordenar el galimatías que cada noche se organiza. Sin embargo esta noche ha sido la peor cuando todos los camiones de carga que circulan por la avenida han tenido que detenerse. El cruce se ha cubierto de flores olorosas hasta una altura de dos metros. Cuando por fin desperté mi cabeza estaba embotada como si no hubiese podido descansar. Después giré mi cabeza hacia el otro lado de la cama y allí estaba ella, dando sentido, con su aroma sensual, a toda una vida. Me acurruqué entre sus sueños y di paso a los camiones... por la avenida del corazón.