
jueves, 22 de abril de 2010
Memoria histórica

Abandonado en una tumba inexistente
se pierde su recuerdo en el camino
como se pierde la fecha
en que sellaron su olvido.
Tal vez fuera un líder sindical
que molestaba a la autoridad
o un envidiado campesino,
de orgullosas callosidades,
condenado por el único delito
de dar sustento a su familia
y al que el celoso gerifalte
quiso robar la hija o el nombre.
Balas dispensadas
a quemarropa
en una cuneta
entre la olorosa retama
y la roja sangre.
Echaron tierra a su cadáver,
tiraron años a sus huesos
y, con palabras legales
en un libro de libertades,
mataron la esperanza
de los corazones amantes.
Hoy yugos y flechas
agitan sus corazas
de togados jueces
en una burla ciega
al amor y la justicia.
Que nadie pueda usar sus manos
para abrazar la tierra
donde yacen los huesos de unos hombres
que sin buscar la guerra
jamás alcanzarán la paz.
Triste tierra por la que un día
pasó la guerra.
Una guerra más entre hermanos,
Caín y Abel a elegir
según quien relate la historia,
según convenga al director
del mercenario escribano.
Pero la guerra pasó
y las balas siguieron
hiriendo esperanzas,
hiriendo recuerdos
y luego escondiéndolos
bajo una alfombra
que es toda España.
Ante tanta miseria
quisiera lavar mis manos
con la tierra de las fosas,
arrancando, puñado a puñado,
cada capa de vergüenza
que esconde a miles
de ignoradas calaveras.
Yo quisiera ser llorando
el hortelano de cebollas
que escancie el recuerdo
en los ignotos campos
donde escondieron esqueletos
sin armarios,
sin letreros,
sin cristiana humanidad...
Sin recordar que un día todos fuimos hermanos.
¿O no?
martes, 13 de abril de 2010
Algo
El Algo desvanece
Cuenta cuentos en la sala
Nada dice
Cuenta nada
Y algo es para nada
Cuentan estrellas
Y son muchas
Como muchos es el Algo
Que no es nada
Algo me manda
Algo me gobierna
Algo me roba las palabras
Y sólo recibo
Un porcentaje de la nada
Algo es algo
Me dicen unos
Justo precio
Para nada
Gracias
Por nada
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