
Arturo Pérez-Reverte es un escritor de éxito. Sus libros acostumbran a ser muy interesantes, en cambio sus comentarios en la vida real tienen una cierta tendencia a ser algo chabacanos y ofensivos ¿Se le habrá subido el éxito a la cabeza?
Sí, seguramente debe ser eso. El autor, como ya le ocurriera a otros, ha contraído una extraña enfermedad por la que necesita hacerse ver. Como ya le sucedió a Paco Umbral, Camilo José Cela o el recientemente premiado Goytisolo, ha optado por llamar la atención siendo desagradable. Sin embargo hay en su actitud una pequeña diferencia: la cultura. Mientras sus antecedentes mostraban su mala educación con un perfecto dominio de la lengua, don Arturo la ha cagado. Y es que en sus andanadas contra el cesado ministro ha cometido un error que demuestra no estar a la altura de sus predecesores.
"Por cierto, que no se me olvide. Vi llorar a Moratinos. Ni para irse tuvo huevos".
Si el “gran escritor” hubiese tenido cultura suficiente como para no escribir de diccionario, hubiera escrito “güebos” y no huevos. Pero qué se puede esperar de un escritor artificial. Ni por un momento pensó en la razón por la que cada vez que se usa esta palabra en modo despectivo suena “güebos” y no “uebos”. El origen de esto no es la mera vulgaridad, cualidad de la que ya demostró estar bien servido, sino un arcaísmo que ya no recoge el diccionario de la RAE (aunque lo recogió hace algunos años). Al parecer la expresión “por güebos” era usada en el siglo XV como fórmula oficial para decir “por necesidad”. En los siglos XVI y XVII (que él debería conocer mejor dadas sus obras referentes a esa época) se deformó ese término hacia la valentía y no fue hasta el siglo XX, debido a la censura del franquismo, que se llevó a confusión con los elementos que distinguen a los animales ovovivíparos. De ahí a relacionarlos con las bolsas gonádicas de los machos humanos, sólo había un paso. De todas formas, nadie que haga esa referencia de forma oral, y en especial en una metáfora referente al valor, lo pronuncia como “huevos”.
Creo señor Arturo Pérez-Reverte, que su afán de protagonismo le ha llevado a demostrar que su mala educación no está suficientemente compensada con su deficiente cultura. A ver si después de todo va a ser usted “un perfecto mierda”.
Es triste que después de tan tremenda patochada aún se sienta orgulloso de verse comparado con Chuk Norris y otros frikis de la red. Si llego a saber que era usted tan borde hubiera leído sus libros su madre. Porque hasta ahora yo pensaba que usted escribía bien, pero puedo pasar sin su pluma (y las correcciones de su Microsoft Word). Después de todo tenemos la fortuna de que, en nuestro país, vamos sobrados de buenos escritores, y para voceras ya tenemos a profesionales como Belén Esteban.
Supongo que al autor le encantará esta imagen que no tengo ni idea de su origen, pero que, a falta de una versión haciendo de Chuk Norris o Belén Esteban, está muy acorde con sus actitudes en twiter.