martes, 31 de mayo de 2011
miércoles, 4 de mayo de 2011
Oferta de empleo
sábado, 23 de abril de 2011
Adivinad el personaje
viernes, 18 de marzo de 2011
Héroes de Fukushima
sábado, 26 de febrero de 2011
Reforma laboral
Furcias, bujarrones y chaperos, se han sublevado en el lupanar del reino. Sus agriadas manos, bajo el aroma del dinero, se han disparado a los cielos cual insignes látigos de acero. El mercado ha muerto.
Los orgasmos ya no tienen precio. Los fluidos son ahora de sangre; los jadeos, estertores, y el dinero… El dinero siempre es dinero, ni blanco, ni negro; verde, que nunca honesto.
Y en el horizonte los ecos de otros pueblos más listos que abren sus corazones al hambre, mientras los nuestros se arrodillan ante el drama malhablado de una casa ajena y exhibicionista.
Las putas lucen los sombreros de copa mientras los eunucos obreros, uno a uno, caen al suelo con los jugos exprimidos. Y sobre sus cuerpos se yerguen las putas, y sonríen. Se miran y la sonrisa se hace carcajada infernal y las letras que coronan los altos rascacielos reordenan sus palabras: “ABANDONAD TODA ESPERANZA”.
Entre tanto las oficinas de empleo, invadidas ahora por cuerpos deformes que un día tuvieron cerebro, exhiben su nuevo eslogan en letras de neón: “EL TRABAJO OS HARÁ LIBRES”.
sábado, 29 de enero de 2011
Curso de Escritura

Empieza el curso
No es lo mismo escribir un diario, que un poema. No es lo mismo escribir un blog que una novela, e incluso no es lo mismo escribir una novela de suspense que una de amor, o un blog de ciencia que uno de crítica cinematográfica. La escritura debe adaptarse al medio y al uso, pero en cualquier caso siempre existen reglas mínimas que deben cumplirse. Sintaxis, redacción, ortografía… son palabras conocidas por todos y respetadas por muy pocos, sin embargo son la base de un código de circulación a tener muy en cuenta por todo escritor. Así que todo curso de redacción deberá estar regido por estos principios y por tanto deberá contener las lecciones que expliquen estas normas.
Una vez obtenido el carnet para conducir vehículos de letras simples, empezaremos a pensar en camiones, autocares, remolques e incluso vehículos cargados con materias peligrosas. El tipo de transporte lo eliges tú, no obstante conviene tener conocimientos básicos que van desde el cohete más rápido hasta el batiscafo que soporta más presión.
El buen escritor sabe de todo un poco, pero además conoce las nuevas herramientas que pueden facilitar su trabajo o ayudarle a su divulgación.
Hasta ahora todos los cursos de escritura han estado dirigidos por maestros de una o varias asignaturas dentro del mundo de las letras, este, en cambio, va estar dirigido por un alumno que, en muchas ocasiones, ni siquiera va a poseer ninguna ventaja sobre el resto de alumnos. El profesor aprenderá al mismo ritmo que el resto de las personas que sigan el curso, por eso este curso no va a costar ni un euro. Tampoco tendrá un tiempo definido. Uno llegará a él cuando quiera y lo seguirá en los tiempos que desee marcarse, repetirá los ejercicios cuantas veces desee y se servirá de los comentarios de sus compañeros como ayuda para aprender.
El curso no seguirá una estructura directa ya que, para hacerlo más ameno, iremos saltando de un tema a otro, sin embargo, interiormente sus estructuras si estarán bien definidas. El conocimiento de estas estructuras es la única ventaja con que cuenta el alumno-tutor de este rincón. Aunque al final estas serán bien visibles para todos aquellos que hayan seguido el curso. En ese momento sólo habrá que ver todo lo que los alumnos han aprendido.
Aunque este es un curso amateur está basado en una amplia base documental entre la que se encuentran el “Taller de Escritura” SALVAT, “Curso de Redacción Paraninfo, “Libro de estilo de “El Periódico”, “Saber escribir” col. Instituto Cervantes de AGUILAR, “el Quitadudas” VOX, “Dudas y dificultades de la Lengua Española” de Larousse, “Las buenas palabras” de Julio G. Pesquera, “Desidia y otras lacras en el lenguaje de hoy” Ramón Carnicer, Teoría General de la Información, Gonzalo Abril, “Gramática y Ortografía” Larousse, “Nueva gramática de la lengua española” RAE de ESPASA, “Comunicación política” María José Canel, “Trabajos de clase para vagos” ESPASA, “Redacción Periodística” José Luís Martínez Albertos, “El arte de insultar” y “El arte de tener razón” de Arthur Schopenhauer, “Perdón imposible” José Antonio Millán, “Diccionario de Argot español” Víctor León, diccionarios “del origen de las palabras” y “de palabras afines” ESPASA, “Manuales de la lengua española” EDIMAT, “El dardo en la palabra” y “El nuevo dardo en la palabra” de Fernando Lázaro Carreter, “diccionario de sinónimos y antónimos” ESPASA, “El libro del guión” de Federico Fernández Díez y varios libros y artículos más, sin contar con la inmensa documentación que hay ubicada en distintas partes de la red de redes. Sin embargo, no es la cantidad de materia lo que hace bueno a un curso de estas características, sino su correcta selección, ya que no todo lo que hay es ni bueno ni viable pedagógicamente hablando.
El párrafo anterior ha sido inspirado por "El péndulo de Focault" de Umberto Eco y, cuando el curso de comienzo, tendrá un sentido mayor para todos aquellos que lo sigan. Porque también analizaremos algunos trucos de los que no somos conscientes durante una lectura normal de algunas obras.
Antes de que termine de ahuyentar a los últimos interesados por esta oferta, diré e favor de ella, que es un curso que llevo seis años diseñando, justo desde el momento en que obtuve mi título de teletutor o i-profesor, como algunos le denominaron. Desde entonces, aunque no ha llovido demasiado, si que han cambiado mucho las formas en que los usuarios se mueven por Internet. Como los blog's han resultado las estructuras menos afectadas por estos cambios, es la fórmula que he elegido para su desarrollo. Los interesados podrán seguirlo en http://cursoescritura.blogspot.com
domingo, 16 de enero de 2011
La mierda (II)

jueves, 13 de enero de 2011
La mierda

Tan pronto como le anunciaron la llegada del juez, Javier Parralo salió del bar para ver a quién le habían asignado esta vez. Para ello engulló de un trago los dos dedos de cortado que le quedaban y, antes de traspasar totalmente el umbral de la puerta, ya estaba poniéndose un cigarrillo entre los labios. No le sorprendió ver al juez Quintanilla, sólo él podía hacer esperar a un cadáver tres horas en plena calle. Era un hombre más meticuloso con su trabajo que con su vestimenta. Una persona que aparentemente no se inmutaba ante nada y… un “tocacojones” sin igual.
--Me alegro de verle, inspector Parralo ¿Supongo que tenemos algo interesante?
--¡Buenas tardes señoría! Pero me temo que sólo hablamos de un accidente.
--¡Caramba! –Dijo el magistrado con fingida sorpresa-- ¿Y para un accidente envían a todo un inspector? ¿Qué ya no hay homicidios como Dios manda en esta ciudad? –Rió tapándose la boca con teatralidad--.
Endelecio Quintanilla hizo levantar la manta que cubría el cadáver. Enseguida lo observo con detenimiento y también la escena en conjunto. Después levantó la mirada y la enfrentó con descaro a la de los curiosos que se arremolinaban unos metros más allá. Para muchos fue suficiente para obligarles a ahuecar, pero para demasiados el morbo pudo más.
El juez llamó al inspector que se había alejado unos metros.
--¿Ya han acabado los de la científica?
--¡Sí! –A pesar de lo escueto del monosílabo Quintanilla percibió un deje de duda--.
Cuando Quntanilla miró directamente a los ojos del inspector, este tragó saliva temiéndose lo peor.
--A ver, señor Parralo , explíqueme los hechos.
--Bueno… --empezó dubitativo—el hombre era ciego y resbaló con un excremento y se partió el cuello. Vamos, lo que se dice un desgraciado accidente.
--Error, inspector.
--¿Qué?
--Fue homicidio. Homicidio involuntario.
--¿Cómo?
El juez le regaló una amplia sonrisa de hiena antes de explicarse.
--¿Se pueden dejar los excrementos en la vía pública?
--¡No! –Aceptó Parralo con rabia--.
--Pues el “accidente” ha tenido una causa indebida y esa causa indebida, como es producto de una ilegalidad constituye un acto criminal. Sin embargo, como el acto criminal no ha tenido la voluntad de causar la muerte de la víctima, vamos a considerarlo un homicidio involuntario.
Como el inspector había quedado totalmente mudo, fue el propio juez el que preguntó por alguien de la científica. Afortunadamente Parralo no le había dejado marchar. No se fiaba ante la posibilidad de que pudiera pasar algo así. Finalmente la prudencia de este, y que tanto había maldecido la doctora Eva Conti, le había librado de tener que desplazarse de nuevo al lugar de los hechos.
--¿Qué ha hecho hasta el momento, señorita?
--He determinado que está muerto –dijo ella con fingida indolencia--.
El juez se giró hacia el cadáver teatralmente.
--¡Cielos! Casi no me había dado cuenta. Tiene que haber sido un difícil trabajo.
Eva resopló hacia arriba levantando su largo flequillo de una forma cómica.
--Señorita, esto es ahora la escena de un crimen. Recoja todo lo que suponga un indicio o una posible prueba. Buscamos a un homicida.
--¿Un chihuahua o un podenco? –Replicó Eva con sorna--.
--No, señorita. Nuestro homicida tiene dos patas. El perro sólo es el arma del crimen y, haciendo un símil, la mierda sólo es la bala que acabó con la víctima. Así que fotografíe, etiquete y saque muestras de todos los disparos. Tal vez algún otro casquillo nos dé más pistas sobre el culpable.
--¡Vaya mierda de trabajo! –Volvió a replicar la joven doctora.
El juez se marcho riendo con ganas, pero antes entregó a Parralo los documentos pertinentes para que pudiera levantarse el cadáver en cuanto la doctora lo permitiera.
******
El doctor Luján hacía solo tres meses que había llegado como jefe del departamento de la policía científica en la ciudad y ya gozaba de la enemistad de todos sus subalternos. Bien, de todos no. Eva Conti era la excepción, pero sólo porque Enrique Luján era médico como ella y él la trataba con algo menos de desprecio que a los demás. Por otra parte ella estaba acostumbrada a un desprecio mayor dentro de una familia de abogados. Su madre y sus dos hermanos eran abogados, su padre era juez y su abuelo, que aún vivía, había sido notario. Así que Eva, en las bochornosas comidas navideñas, en lugar de recibir halagos por su brillante carrera de patóloga, era despreciada. Con que gusto les pondría en los platos el contenido de todas las muestras que se estaba viendo obligada a analizar.
--¿Hasta dónde has llegado? –Pregunto su jefe señalando la fila de pequeños contenedores que tenía delante.
--He realizado un primer descarte de quince de las veinte muestras porque contienen subproductos muy diferentes del de la muestra original, pero a esta aún me falta terminar de verificar si existen rastros de ADN.
--Bueno… --dijo Luján fijándose en la muestra que tenía etiquetado el número 1— no creo que encontremos ADN de nuestro perro a no ser que tengamos algún pelo.
--Pensé que quizá en el esfuerzo hubiese podido arrastrar alguna célula epitelial del entorno del esfínter.
--Pudiera ser, pero es poco probable. El animal debía comer demasiados hidratos de carbono. Seguramente arroz. Y eso hace que, tras un cierto tiempo, la flora bacteriana típica de un carnívoro, se vea alterada y el excremento sea muy acuoso. Casi como una crema. Si lleva años con esa dieta no me extrañaría que el animal estuviese medio ciego por el continuado exceso de azúcar en la sangre. De todas maneras investigamos un asesinato.
La última frase la pronunció en tono de burla.
--Pero si la flora bacteriana está estropeada la digestión no se habrá completado y tendremos residuos de alimentos más claros –apuntó Conti-- ¿No?
--Buena apreciación. Y eso siempre puede ayudar a encontrar al animal. Tendremos ADN de pollo, ternera…
La máquina que extraía las trazas de ADN sonó con un brusco pitido que sobresaltó a Enrique cortándole en mitad de la frase. Eva agarró la hoja que salía del aparato y ya al primer vistazo puso cara de sorpresa.
--¡ADN humano! –Pareció terminar Eva la frase de Luján--.
*****
Solo media hora después el inspector Parralo estaba en el laboratorio intentando comprender lo que le estaban diciendo.
--Así quieren decir que la caca no era de perro sino de persona.
--No --insistía Eva exasperada--.
--¿Entonces?
--El perro se había comido a una persona.
--Así… me dice que ha encontrado ADN de perro y de persona.
--Bueno de perro no.
--¿Entonces cómo sabe que era una caca de perro?
--Eso se sabe.
Eva estaba tan furiosa que no se había dado cuenta de que hablaba a gritos y, entre tanto, Enrique Luján miraba la escena divertido. Cuando se hicieron unos segundos de silencio para que todos pudieran tomar aire, el inspector meditó sobre todo aquello.
--En resumen: tenemos una supuesta mierda perruna que contiene el ADN de un hombre y que, además, ha sido el elemento desencadenante de la muerte… --aquí el inspector hizo una pausa recordando las palabras del juez y que decidió ignorar con cierta rabia—accidental de otro.
--De hecho era una mujer.
--¿Cómo?
Al ver que lo más duro había pasado, Enrique Luján intervino con la veleidosa idea de atribuirse parte del descubrimiento.
--El ADN contenía los cromosomas XX.
Pero el inspector no estaba dispuesto a dejarse impresionar por el doctorcillo. Además, era consciente del poco habilidoso esfuerzo de la doctora Conti por explicarle lo más complicado y como el día anterior se había “currado” lo peor del caso.
--Supongo que todo esto quiere decir que ya está hecha la autopsia del ciego.
--El ciego murió al golpearse en la caída…
El que ahora se puso rojo de ira fue el inspector. La voz con que se dirigió al flamante jefe del laboratorio científico era difícil de definir, pero era todo menos bonita. A pesar de la vena hinchada en el cuello de Lujan, el color carmín de su cara y los ojos inyectados en sangre, se escuchó con un volumen contenido, casi bajo y un tono agudo que provocó el pánico en el forense.
--Supongo que eso quiere decir, estimado doctorcillo, que el homicidio involuntario ha perdido importancia ante la nueva evidencia. Así que no va a hacer la autopsia aunque luego no tengamos ninguna prueba válida para llevar a un supuesto juicio.
Luján desapareció camino del depósito con una premura más propia de una película de dibujos animados que de un ser de carne y hueso.
Cuando Parralo recuperó la compostura se percató de que había más personas en su entorno. Todos los empleados del laboratorio se habían acercado desde las diferentes salas y le estaban brindando una alegre ovación.
¿Debo seguir con el caso y descubrir al mayordomo… digo… al asesino? ¿O mejor lo dejo?
Imagen tomada de http://elrincondelascuatropatas.com
domingo, 9 de enero de 2011
Doping

Los dos parlamentarios, que una vez sentados en sus escaños no dudarían en sacarse los ojos, compartían ahora, sobre el mármol del lavabo, la raya de coca que les había vendido el diputado de un tercer partido.
--Espabilad, que llaman a la sala.
Los billetes de veinte euros succionaron con premura las pequeñas cordilleras blancas. Y rápidamente una veintena de diputados entraron en tropel en el hemiciclo, sin apenas haberse limpiado los morritos blancos. Sus jefes de partido no les hubieran perdonado la inasistencia a las votaciones de una ley tan importante.
Por fin, el presidente de la cámara citó la moción a votar.
“Por petición del Partido Popular, se pasa a votar la inclusión de penas de cárcel para los deportistas que se dopen con anabolizantes. Se abre el tiempo de votación para sus señorías”.
martes, 4 de enero de 2011
Balance de libros (IV)

Decía que durante este año me he deleitado con Wilt de Tom Sharpe, cuando aún me falta leer el tercero (¡Ánimo Wilt!) y acabo de devorar el cuarto (Wilt no se aclara) y precisamente los de La Casa del Libro me envían un correo informándome de la aparición del quinto volumen: “La herencia de Wilt”. Creo que voy a hacer una excepción en mi habitual modo de adquirir libros y voy a cazarlo ya. Si he podido lee el cuarto sin el tercero, no viene de aquí que me coma el quinto. Ya daremos con el tercero cuando se pueda.
En el correo también me informan de una nueva edición de “El Príncipe” de Maquiavelo, pero en su día di cuenta de una edición de Austral comentada por Napoleón Bonaparte con la que realmente disfruté. Y es que, en contra de lo que algunos suponen, la agudeza del pequeño corso no es para desmerecer y ameniza un libro ya de por sí irónico, pero muy teórico.
Las reediciones se dejan llevar mucho por el cine y, aunque en este caso la secuela cinematográfica esté bastante pervertida, vuelven “Los viajes de Gulliver” de Jonathan Swift. Un libro que en su día me recomendaron y que yo aborrezco sinceramente, como me ocurre con Tom Swyer y alguno más de esos libros que te recomiendan leer en los albores de tu amor por los libros. La mayoría son historias cuyo interés caducó hacia mil años. En mi caso hubo dos excepciones: “La isla del tesoro” y “20.000 leguas de viaje submarino”. Como decía Cervantes aprovechándose de la historia de “El Quijote”, lo demás son historias de Aventuras que envilecen el alma y se comen el espíritu.
Entre las novedades que compraré, pero hoy no… mañana (cuando salga la versión de bolsillo), está “El mar en llamas”, la última de Alberto Vázquez-Figueroa.
También me hablan de lo último de Federico Moccia y Espido Freire, pero sobre estos autores, tan conocidos para muchos de vosotros, no puedo opinar. Yo no los he leído nunca. Supongo que eso tendrá que remediarse, sobre todo porque ya hay una versión de bolsillo de “Perdona si te llamo amor”, aunque me da en la nariz que no me va a gustar. También he visto en tapas blandas “El trabajo os hará libres” y ciertamente el título parece sugerente e irónico ¿Hablará de los campos de exterminio nazis?
También, para los que en su día creyeron haber leído toda la saga de Ender, de Orson Scott Card, recordar que durante 2010 apareció un nuevo libro que habla del retiro del joven Ender, es decir, lo que sería la continuación más directa a “El juego de Ender”, y se titula: “Ender en el exilio”.
Ya sé que me quedo corto haciendo balance de libros, pero ya estamos en 2011 y hay que acabar. Aunque antes una gran recomendación: “El Palestino” de ese periodista virtual llamado Antonio Salas y que se juega el tipo una y otra vez infiltrándose en los grupos más ignotos y peligrosos de la sociedad. Con “El Palestino” nos enseña algo que ya suponíamos: el mundo no es como nos lo cuentan. Ni siquiera el mundo árabe es lo que creemos. Salas nos entrega las pruebas de que el mundo que llega a nuestros ojos es falso e interesado y que, a veces, la violencia gratuita no lo es tanto. Vivimos envueltos en mentiras y nadie nos deja elegir. Al final, posiblemente, nuestros caminos no se diferenciarían mucho de los que llevamos, pero deberíamos tener la opción de elegir y, sobre todo, saber la verdad que nos ocultan.
Feliz año y feliz día de Reyes.
Imagen cedida involuntariamente por “La Casa del Libro”


