Después de muchos años insistiendo, unos sobre que aquella podía ser la
única solución y otros el fin del mundo, hoy parecía claro que ambos habían
tenido razón: el fin del mundo había sido la única solución.
Originalmente las bombas de olvido apenas habían provocado daños materiales
ni personales, pero conforme se había ido extendiendo su contenido por todo el
planeta, se había empezado a liberar la verdadera esencia de la humanidad.
Vimos como unos humanos armados de cruces se enfrentaron a otros con medias
lunas y, a estos, frente a otros con estrellas. Todos ellos hace mucho que se
mataron entre sí.
Después alguien descubrió algo apetecible y le plantó una bandera que
encontró. No dejaba que nadie se acercarse y aquello fue suficiente para que
todo el mundo lo quisiera. Pero defendió su posesión con todo lo que tuvo a su
alcance. Su final fue una orgía de sangre donde pocos quedaron para descubrir
la inútil base de aquella bandera.
Aún más tarde llegaron las ratas, pero también hace tanto que no recuerdo
qué fue de ellas. Pero sí me acuerdo del silencio. Porque al final todo fue
silencio y soledad hasta que llegaste tú.
--No recuerdo nada, pero sé que no quiero estar sola.
--¿Cómo te llamas?
--No lo sé.
--Te llamaré “Tú”
--Llámame como quieras mientras lo hagas cada mañana durante el resto de
nuestros días.
Frente a ambos se extendía una tierra rica y llena de sorpresas. Casi un
paraíso. Hasta que un día, Tú descubrió un libro y también que era capaz de
leerlo. En una de las páginas leyó como un hombre llamado Isaac Newton vio caer
una manzana y de ello dedujo la teoría de gravitación universal. Entonces le
dio un mordisco a aquellas páginas y salió corriendo para compartir aquel
manjar con su compañero.

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